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ORGANIZACIÓN MUNDIAL
DEL COMERCIO

WT/DS18/RW
18 de febrero de 2000

(00-0542)
  Original: inglés

AUSTRALIA MEDIDAS QUE AFECTAN A LA IMPORTACIÓN DE SALMÓN
RECURSO AL PÁRRAFO 5 DEL ARTÍCULO 21 POR EL CANADÁ




INFORME DEL GRUPO ESPECIAL



(Continuación)



VI. CONSULTA DEL GRUPO ESPECIAL CON LOS EXPERTOS CIENTÍFICOS

A. PROCEDIMIENTOS DEL GRUPO ESPECIAL EN RELACIÓN CON LAS ESFERAS DE ESPECIALIZACIÓN CIENTÍFICA

6.1 El Grupo Especial recordó que el párrafo 2 del artículo 11 del Acuerdo MSF estipulaba que:

"En una diferencia examinada en el marco del presente Acuerdo en la que se planteen cuestiones de carácter científico o técnico, el grupo especial correspondiente deberá pedir asesoramiento a expertos por él elegidos en consulta con las partes en la diferencia. A tal fin, el grupo especial podrá, cuando lo estime apropiado, establecer un grupo asesor de expertos técnicos o consultar a las organizaciones internacionales competentes, a petición de cualquiera de las partes en la diferencia o por propia iniciativa."

Observando que en la presente diferencia intervenían cuestiones científicas y técnicas, el Grupo Especial consultó con las partes sobre la necesidad de asesoramiento de expertos. El Grupo Especial señaló que dicho asesoramiento había sido muy valioso durante el examen anterior de este asunto y además que las pruebas que se le habían presentado incluían varios informes nuevos sobre el análisis del riesgo. El Grupo Especial decidió pedir asesoramiento científico y técnico de conformidad con el párrafo 1 y la primera frase del párrafo 2 del artículo 13 del ESD y en aplicación de la primera frase del párrafo 2 del artículo 11 del Acuerdo MSF.

6.2 El Grupo Especial examinó inicialmente la posibilidad de pedir asesoramiento a dos de los cuatros expertos que lo habían asesorado en la diferencia anterior, así como a un tercer experto con experiencia en la esfera de la aplicación de medidas sanitarias. Se invitó a las partes a que formularan observaciones sobre esta propuesta y, en particular, a que señalaran las objeciones que pudieran tener con respecto a cualquiera de ellos, o bien que propusieran otros expertos. El Grupo Especial seleccionó luego tres expertos, teniendo en cuenta las observaciones formuladas por las partes y la necesidad de conocimientos especializados en varios sectores. Se pidió a estos expertos que actuaran, a título personal, como asesores individuales del Grupo Especial.

6.3 El Grupo Especial, en consulta con las partes, preparó una serie de preguntas específicas que presentó a cada uno de los expertos por separado. Se les pidió que respondieran por escrito a las preguntas para las que se considerasen calificados. Las partes convinieron en que se facilitasen a cada uno de los expertos seleccionados las comunicaciones que habían presentado por escrito al Grupo Especial, incluidas las versiones escritas de sus exposiciones orales. Las respuestas por escrito de los expertos se presentaron a las partes, que así tuvieron la oportunidad de formular observaciones sobre ellas.

6.4 Se invitó a los expertos a debatir con el Grupo Especial y con las partes sus respuestas por escrito a las preguntas y a proporcionar ulterior información. A continuación figura un resumen de las respuestas facilitadas por los expertos.131

6.5 Los expertos seleccionados para asesorar al Grupo Especial fueron los siguientes:

Dr. Gideon Brückner, Director, Food Safety and Veterinary Public Health, Sudáfrica;

Dr. Alasdair McVicar, Oficial Científico Principal, Aberdeen Marine Laboratory, Escocia, Reino Unido;

Dra. Marion Wooldridge, Department of Risk Research, Veterinary Laboratories Agency, Reino Unido.

B. PREGUNTAS FORMULADAS A LOS EXPERTOS - RESPUESTAS COMPILADAS

Pregunta 1. En el Análisis del Riesgo de las Importaciones de 1999 sobre los salmónidos no viables y los peces marinos distintos de los salmónidos (Informe de 1999), particularmente por lo se refiere a los salmónidos,

a) ¿se evalúa la "likelihood", es decir, la "probability" (probabilidad) de entrada, radicación o propagación de las enfermedades motivo de preocupación para Australia identificadas en el informe?;

b) ¿se evalúa la "likelihood", es decir, la "probability" (probabilidad) de las posibles consecuencias biológicas y económicas conexas a estas enfermedades?;

c) ¿se evalúa la "likelihood", es decir, la "probability" (probabilidad) de entrada, radicación o propagación de las enfermedades, según las medidas sanitarias que pudieran aplicarse?

6.6 El Dr. Brückner convino en que el IRA de 1999 que había presentado Australia era una evaluación cualitativa por las razones que exponía Australia en dicho documento y en su primera comunicación (párrafos 104-106). Estimaba además que el IRA de 1999 se había elaborado de conformidad con las directrices de la OIE para las evaluaciones del riesgo de las importaciones y conforme a las prescripciones de los párrafos 2 y 3 del artículo 5 y del Anexo A 4) del Acuerdo MSF. Observó que uno de los principales argumentos que aducía el Canadá contra el IRA de 1999 era que en él no se evaluaba la probabilidad, porque el análisis era cualitativo y las probabilidades no se expresaban en términos cuantitativos, sino supuestamente subjetivos, como "baja", "moderada", etc. El Acuerdo MSF no exigía una evaluación cuantitativa. El hecho de que existieran otros análisis del riesgo de las importaciones (evaluación Vose sobre A. salmonicida y R. salmoninarum) no obligaba a Australia a hacer lo mismo para una evaluación de los mismos productos o de los otros en cuestión. Incluso en el caso de que fuera posible una evaluación cuantitativa, el Dr. Brückner se preguntaba si ésta con el mismo fin y de la misma magnitud que el IRA de 1999 habría dado lugar a un resultado diferente en relación con la evaluación de las probabilidades identificadas en la pregunta. Observó que no se habían presentado pruebas que demostrasen lo contrario.

6.7 El Dr. Brückner observó además que el Canadá había planteado algunas preguntas acerca de la utilización de indicadores supuestamente subjetivos y vagos ("bajo", "mediano", etc.). Sin embargo, no se había propuesto una terminología alternativa para utilizarla en el marco de una evaluación cualitativa o para poder tener una indicación explícita de la probabilidad de que el riesgo no existiera. El uso de esos términos debería evaluarse en el marco del análisis del riesgo de las importaciones en general y respetando el proceso y la metodología utilizados para llegar a esas conclusiones. El uso de esos términos debería considerarse asimismo como una forma de expresar el resultado de una evaluación estructurada de varios factores, es decir, para determinar si había que estudiar o no la posibilidad de intervenciones de gestión del riesgo. Observó que en el IRA de 1997 de Nueva Zelandia las conclusiones se exponían también de una manera cualitativa semejante.

6.8 El Dr. Brückner estimaba que la cuestión fundamental era si el uso de esos términos cualitativos haría que la evaluación de la "likelihood", es decir, la "probability" (probabilidad) de entrada, radicación o propagación de las enfermedades en cuestión, según las medidas sanitarias que pudieran aplicarse, fuera imposible o cuestionable. Teniendo en cuenta el proceso y la metodología aplicados -especialmente en relación con los factores de evaluación y de gestión del riesgo para las enfermedades en cuestión- consideraba que con el IRA de 1999 se había podido evaluar la probabilidad de entrada, radicación o propagación de enfermedades, así como las posibles consecuencias, basándose en las medidas que pudieran aplicarse.

6.9 Con respecto a la probabilidad de entrada, el Dr. McVicar señaló el hecho, reconocido internacionalmente e introducido en la legislación, de que la eliminación de las vísceras del pescado reducía el riesgo de transmisión de enfermedades. En el IRA de 1999 se identificaban los dos sectores principales en los que persistía el riesgo y que tenían particular importancia, en primer lugar que la sangre y los órganos con sangre residual abundante eran un foco destacado de enfermedades víricas y bacterianas importantes en los peces y, en segundo lugar, que las vísceras y otras partes no comestibles del pescado tenían poco valor y podían eliminarse por medios jurídicamente inocuos o no inocuos. Se abordó el riesgo asociado con ambos sectores y Australia estimó que la concentración de agentes infecciosos viables que probablemente quedaban en el pescado eviscerado y en las partes que normalmente se extraían y eliminaban antes del consumo humano justificaba salvaguardias adicionales. El análisis cualitativo del riesgo realizado era transparente en cuanto a los criterios utilizados para establecer las enfermedades que eran motivo de preocupación para Australia y para identificar los sectores en los que se podían utilizar medidas de gestión del riesgo para reducir la probabilidad de introducción del microorganismo patógeno. El análisis proporcionaba un argumento bien fundamentado de por qué las medidas propuestas diferían de las previamente aplicadas en el comercio internacional a productos semejantes.

6.10 En cuanto a la probabilidad de radicación o propagación, el Dr. McVicar observó que en el IRA se tenía en cuenta la información publicada disponible sobre los mecanismos de transmisión de las enfermedades de interés y se hacía una evaluación válida de la probabilidad de radicación o propagación de cada una de ellas en Australia.

6.11 En relación con la evaluación de la probabilidad de posibles consecuencias, las enfermedades identificadas como preocupantes por Australia estaban todas reconocidas internacionalmente como enfermedades graves de los salmónidos, con consecuencias biológicas y económicas importantes. No había motivos para pensar que si se radicasen en Australia las consecuencias en este país no serían semejantes en las especies susceptibles. Cuando no se disponía de información previa, los posibles efectos en otras especies eran meramente especulativos.

6.12 Con respecto a la evaluación de las probabilidades según las medidas que pudieran aplicarse, en el IRA de 1999 se reconocía que incluso en el producto eviscerado que pudiera contener alguna infección viable existía un nivel de riesgo que estaba en relación con la amplitud de las medidas de contención que pudieran aplicarse durante la elaboración posterior en Australia y con la proporción de las importaciones rechazadas y posteriormente eliminadas. El riesgo se reducía progresivamente a medida que se elaboraba el producto y había menos materia potencialmente infecciosa que se descargaba con los efluentes o se rechazaba. Australia consideraba que el riesgo residual que quedaba tras la evisceración y el lavado superaba su nivel adecuado de protección y esta preocupación se había abordado mediante la introducción de medidas para limitar la cantidad de producto no preparado para el consumo que se importaba y, en caso de elaboración posterior, mediante el control de las instalaciones utilizadas para ello.

6.13 La concentración de agente infeccioso en el material de origen en el punto de procedencia influía de manera decisiva en la concentración del agente que las medidas de reducción del riesgo trataban de controlar en diferentes etapas mediante la cadena de acontecimientos que conducía al riesgo final asociado con el producto de salmónidos importado. Habida cuenta de que los niveles de enfermedad de los peces, tanto en las poblaciones de criadero como en libertad, estaban sujetos a fluctuaciones sustanciales, un elemento fundamental en la reducción del riesgo de enfermedades de los peces era el mantenimiento regular de buenos conocimientos acerca del nivel de enfermedades preocupantes en la población de peces de la que se obtenía el producto. Sólo se podían obtener datos apropiados mediante un sistema satisfactorio de inspección y seguimiento periódicos, como exigía Australia. Igualmente, el uso de procedimientos de inspección, que normalmente formaban parte de los mecanismos de garantía de la calidad en las fábricas de elaboración del pescado, para la identificación de peces clínicamente enfermos tendría un marcado efecto positivo en la reducción del riesgo.

6.14 La Dra. Wooldridge observó que la evaluación del riesgo de cada una de las enfermedades se había de buscar por lógica en el capítulo 4 del IRA de 1999, titulado "Evaluación del riesgo: Salmónidos". El capítulo contenía una sección, la 4.2, titulada "Evaluaciones del riesgo para las enfermedades de alta prioridad", cuyos apartados 4.2.1-4.2.5 estaban dedicados cada uno a una enfermedad específica. Esto se definía (sección 4.1.3) como una estimación del riesgo no sujeto a control; es decir, en la evaluación que se exponía en ese punto no se habían tenido en cuenta medidas de salvaguardia. Además, para cada enfermedad se comparaba esta estimación del riesgo no sujeto a control con el nivel adecuado de protección de Australia, lo cual automáticamente llevaba a una decisión sobre si las medidas de gestión del riesgo estaban justificadas.

6.15 Con respecto a la evaluación de la probabilidad de entrada, radicación o propagación de enfermedades, para cada una de las enfermedades objeto de examen había una sección titulada Evaluación de la aparición del riesgo y otra de título Evaluación de la exposición. Cada una de las secciones contenía información y luego una estimación de la probabilidad de aparición en términos cualitativos, clasificada entre insignificante y alta (véanse las definiciones en la página 17). Además, estos resultados se resumían en recuadros al final de cada enfermedad, junto con un resumen de la Probabilidad de radicación de la enfermedad. Por consiguiente, en un examen preliminar parecía que la probabilidad de entrada, radicación y propagación se había evaluado cualitativamente.

6.16 Sin embargo, el hecho de que fuera así o no dependía en realidad de si la información disponible se había utilizado de manera adecuada, y esto dependía su vez de las cuestiones siguientes:

6.17 Si toda conclusión basada en la información primaria disponible era razonable o no (de interés especialmente para la Evaluación de la aparición del riesgo y la Evaluación de la exposición);

  • si cualquier conclusión general basada en conclusiones secuenciales establecidas previamente era o no una consecuencia lógica de esa secuencia (especialmente importante para la Probabilidad de radicación de la enfermedad).

  • si se habían tenido en cuenta todos los elementos adecuados de información disponibles (particularmente importante aquí para la Evaluación de la exposición y la Probabilidad de radicación de la enfermedad); y

  • si las definiciones de los términos cualitativos eran razonables, y si dichos términos se utilizaban de forma razonable (la Dra. Wooldridge los abordó en su respuesta a la pregunta 2).

6.18 Examinando en primer lugar las secciones de Evaluación de la aparición del riesgo, la Dra. Wooldridge indicó que, dada la información facilitada, las conclusiones que se sacaban en relación con la probabilidad de "Aparición del riesgo" en general eran razonables. Sin embargo habría sido mucho más fácil comprobar esto con certeza si la información facilitada y las conclusiones extraídas se hubiesen separado en secciones correspondientes a la probabilidad de infección de los peces y, en caso de infección, los niveles probables de titulación por tejidos. La información presentada de esta forma mejoraría al máximo la transparencia de una evaluación del riesgo. En ese momento los argumentos se presentaban como una mezcla de estas dos cuestiones. Además, la Dra. Wooldridge expresó la opinión de que algunos argumentos específicos tenían muchas probabilidades de producir un sesgo que, dado el carácter subjetivo de las evaluaciones cualitativas del riesgo, podrían dar lugar inadvertidamente a conclusiones arriesgadas. En este sentido citó el ejemplo siguiente:

Sección 4.2.1, VNHI

Página 101, Información facilitada: Conclusiones fundamentales, segundo párrafo

"En salmónidos adultos eviscerados y aparentemente sanos, la titulación del virus, si hubiera alguno, sería muy baja (probablemente no detectable por métodos tradicionales)."

Página 106, recuadro 4.1, evaluación del riesgo; evaluación de la aparición del riesgo.

"La probabilidad de que … (el virus de la necrosis hematopoyética infecciosa) entre en Australia como consecuencia de la importación sin restricciones de salmónidos eviscerados sería baja."

"Habida cuenta de que el virus de la necrosis hematopoyética infecciosa fundamentalmente muestra signos clínicos en salmónidos jóvenes y hay una mayor probabilidad de encontrar un título vírico importante en salmónidos jóvenes y salmónidos sexualmente maduros, la probabilidad asociada con la importación sin restricciones de estas fases del ciclo vital sería moderada."

6.19 ¿Se deducía razonablemente la conclusión acerca del riesgo de toda la información? Parecía existir una diferencia en la probabilidad de encontrar el virus en las diferentes etapas del ciclo vital de los salmónidos. La probabilidad general de aparición de riesgo se estimaba que era baja. La probabilidad de aparición de riesgo para ciertos grupos se consideraba moderada. Esto suponía que había grupos para los cuales la probabilidad de aparición del riesgo era inferior a la baja (puesto que se suponía que baja era un promedio de todos los grupos). En la evaluación de la aparición del riesgo no se mencionaban los grupos cuya probabilidad de aparición del riesgo fuera inferior a la baja, pero en las conclusiones fundamentales se había identificado (al parecer) un ejemplo de este grupo como de una titulación "excepcionalmente baja" (es decir, adultos). Si en la evaluación de la aparición del riesgo se mencionaban específicamente los peces jóvenes, la Dra. Wooldridge opinaba que sería lógico mencionar también este grupo de adultos en la evaluación de la aparición del riesgo, a fin de reducir específicamente la probabilidad de sesgo en la percepción. Dado el carácter subjetivo inherente a las evaluaciones cualitativas del riesgo, el sesgo en la percepción podría afectar muy bien a la evaluación y debía reducirse siempre que fuera posible. Esta dificultad para interpretar la información a fin de garantizar conclusiones lógicas sería mucho más evidente (y al mismo tiempo reducida) si se separasen, como se proponía más arriba, la probabilidad de infección y la titulación probable del patógeno en una infección determinada.

6.20 La Dra. Wooldridge manifestó la opinión de que por sistema se había omitido alguna información en las secciones tituladas Evaluación de la exposición para cada una de las enfermedades examinadas. Para 13 de las 15 enfermedades objeto de examen, se daba una evaluación de la exposición (para las dos restantes no era aplicable, puesto que el riesgo de enfermedad se consideraba insignificante). Esta evaluación comprendía: siete enfermedades con la clasificación de muy baja; cinco de baja; y una como baja/extremadamente baja. Estos resultados parecían basarse solamente en la información que figuraba en las secciones de las enfermedades específicas.

6.21 Sin embargo, en la sección 1.7 se abordaba asimismo la Evaluación de la exposición en general y en la página 34 en particular había un diagrama de las supuestas vías de exposición, con lo que parecía ser una indicación de la proporción del producto total importado que probablemente pasaba por cada una de ellas, indicado mediante el grosor de la línea. Según esto, parecía que la probabilidad de que el propio producto fuera a parar al medio acuático posiblemente sería excepcional en la mayoría de las vías (cinco de siete). La dos vías restantes eran el sistema de alcantarillado doméstico (descrito como fuertemente diluido y que en sí no se consideraba una vía muy probable) y el uso como cebo que, a juzgar por el texto (por ejemplo la sección 1.2, página 5), era una ruta que se podría aplicar con mucha más probabilidad al grupo de peces distintos de los salmónidos que podían importarse a veces específicamente como cebo. Por consiguiente, se podría llegar a la conclusión aceptable de que la ruta del cebo era excepcional para los salmónidos destinados al consumo humano. Además, en la página 35 del IRA de 1999 se describía la "probabilidad extremadamente baja del producto importado siguiendo rutas raras o excepcionales ...".

6.22 La Dra. Wooldridge señaló que, en su opinión, en esta sección de información y en las conclusiones derivadas de ella no parecían haberse tenido en cuenta las distintas evaluaciones de la exposición a enfermedades específicas de los salmónidos. Esto, junto con un nuevo examen a fondo de la información específica de las enfermedades, podía llevar a la conclusión de que para cada enfermedad la probabilidad global de exposición acuática al producto de los salmónidos era, como mucho, excepcionalmente baja.

6.23 Con respecto a las secciones tituladas Probabilidad de radicación de las enfermedades, examinando solamente las secciones relativas a las enfermedades tal como estaban, cada una de ellas parecía tener coherencia interna. Sin embargo, si se tuviera en cuenta la información adicional relativa a la evaluación de la exposición, como se detallaba más arriba, consideraba que entonces sería muy probable que se pudiera llegar a conclusiones diferentes, siendo la probabilidad de radicación más baja en todos los casos. En resumen, por consiguiente, la Dra. Wooldridge indicó que, en general, se había evaluado la probabilidad de entrada de la enfermedad (pero con reservas, incluidas las expuestas en su respuesta a la pregunta 2). Sin embargo, no creía que se hubiese evaluado la probabilidad de radicación o propagación de la enfermedad.

6.24 En cuanto a la evaluación de la probabilidad de posibles consecuencias, la Dra. Wooldridge señaló que había una sección titulada Evaluación de las consecuencias y que se había dado una estimación de la probabilidad, en términos cualitativos, entre insignificante y catastrófica (definiciones, página 19). Además, estas conclusiones se habían resumido en recuadros al final de cada una de las enfermedades. Por tanto, en un examen inicial parecía que la probabilidad de las consecuencias examinadas se había evaluado cualitativamente. Además, la Dra. Wooldridge opinaba que, en general, en cada una de las secciones dedicadas a las enfermedades los argumentos eran básicamente coherentes y se habían evaluado las consecuencias de la enfermedad, en el caso de que se radicase en Australia, con arreglo a las definiciones dadas (recuadro 1.6, página 19). Sin embargo, la utilización o no de esos términos luego de manera lógica para comparar una enfermedad con otra y evaluar la necesidad de procedimientos de gestión del riesgo era una cuestión separada que la Dra. Wooldridge abordaba en su respuesta a la pregunta 2.

6.25 En relación con la tercera parte de la pregunta, evaluación de las probabilidades según las medidas, la Dra. Wooldridge observó que era en el capítulo 5, titulado "Gestión del riesgo: Salmónidos", donde lógicamente se debería encontrar la evaluación del efecto de las medidas de salvaguardia para cada enfermedad. En la sección 5.2 del capítulo se describían las medidas de salvaguardia disponibles y las secciones 5.3-5.6 se ocupaban de la aplicación de dichas medidas. El que una determinada enfermedad de un estrato particular de la población de peces requiriese o no medidas de salvaguardia dependía de que se ajustara o no al nivel adecuado de protección de Australia. Si en la sección 4 se llegaba a la conclusión de que se alcanzaba el nivel adecuado de protección mediante la evaluación del riesgo no sujeto a control, entonces no se consideraba necesaria la adopción de medidas de gestión del riesgo. Si la evaluación del riesgo no sujeto a control superaba dicho nivel, entonces estaba justificada la aplicación de medidas de gestión del riesgo.

6.26 La Dra. Wooldridge indicó que había dos cuestiones al respecto. La primera se refería a la derivación de los criterios del nivel adecuado de protección, que abordaba en su respuesta a la pregunta 2. La segunda era si la probabilidad de entrada, radicación o propagación de la enfermedad se había evaluado de acuerdo con las medidas sanitarias que pudieran aplicarse. Para cada enfermedad que no satisfacía los criterios del nivel adecuado de protección, se habían identificado los factores de riesgo y se había descrito una lista de posibles medidas de gestión del riesgo. Además, se indicaba el factor de riesgo concreto que abordaría cada medida. Sin embargo, la Dra. Wooldridge señaló que no podía encontrar indicación alguna de que en realidad se hubiese evaluado específicamente la probabilidad de una medida determinada (o naturalmente de una combinación de ellas) con respecto a la probabilidad de mantener el riesgo evaluado por debajo del nivel adecuado de protección de Australia. Por consiguiente, en su opinión la probabilidad de entrada, radicación o propagación no se había evaluado con arreglo a las medidas sanitarias que pudieran aplicarse.

Pregunta 2. ¿Considera que por alguna otra razón el Informe de 1999 no es una evaluación adecuada del riesgo? En caso afirmativo, ¿por qué?

6.27 El Dr. Brückner recordó su opinión de que el Informe de 1999 se había realizado de conformidad con las directrices de la OIE para el análisis del riesgo de las importaciones. Además, el Informe de 1999 se ajustaba plenamente a las disposiciones de los párrafos 1, 2 y 3 del artículo 5 del Acuerdo MSF, sin dificultar la aplicación de otras disposiciones pertinentes del Acuerdo MSF. Por tanto, consideraba que el Informe de 1999 podía considerarse como una evaluación adecuada del riesgo.

6.28 El Dr. McVicar indicó que el Informe de 1999 cumplía las prescripciones expuestas por la OIE para una evaluación cualitativa del riesgo mediante la identificación de los peligros motivo de preocupación, la posibilidad de su transferencia a Australia, las posibles consecuencias de la transferencia y las medidas de gestión que podían adoptarse para reducir el riesgo a un nivel aceptable. El principio básico de que el análisis cuantitativo del riesgo se perfeccionase lo antes posible, mediante la acumulación de datos numéricos sobre los sectores más importantes de riesgo, se veía en general gravemente limitado en el caso de las enfermedades de los peces, debido a la falta de datos adecuados en sectores fundamentales. Tanto en la evaluación cuantitativa del riesgo como en la cualitativa había dificultades y diferencias de opinión inevitables a la hora de decidir exactamente lo que constituía un nivel aceptable de riesgo. La ciencia no podría dar respuestas definitivas a este problema esencialmente social o político.

6.29 La Dra. Wooldridge respondió que el Informe de 1999 se había preparado de manera correcta y contenía la información adecuada para poder describirlo como un informe sobre el análisis del riesgo que contenía una evaluación del riesgo. Sin embargo, la Dra. Wooldridge consideraba que la evaluación del riesgo era defectuosa y que, en consecuencia, no se podía considerar una evaluación adecuada del riesgo. Indicó que no se utilizaban métodos apropiados para evaluar adecuadamente los riesgos.

6.30 Con respecto a la terminología, las expresiones utilizadas para describir la probabilidad de aparición de un fenómeno (recuadro 1.4, página 17) eran en sí términos cualitativos aceptables. Sin embargo, debido al carácter inevitablemente subjetivo de dichos términos, la Dra. Wooldridge no creía que en las evaluaciones cualitativas fuera posible clasificar fácilmente las probabilidades con distinciones tan precisas como "baja", "muy baja" y "extremadamente baja", salvo para comparar aspectos de una enfermedad específica, por ejemplo cuando se había introducido una medida de salvaguardia que pudiera considerarse que reducía una probabilidad de "baja" a "muy baja". Ciertamente no pensaba que se pudiera distinguir con esa exactitud cuando se comparaban distintas enfermedades, a menos que se asignase a cada descripción una serie de valores cuantitativos. En ese caso, para asignar correctamente la calificación cualitativa de acuerdo con la propia definición, SE DEBERÍA haber realizado una evaluación cuantitativa con objeto de conocer en qué serie de valores numéricos quedaba comprendida.

6.31 Al examinar las definiciones dadas para estos términos, observó que "baja" se definía como poco probable, "muy baja" como rara y "extremadamente baja" como muy rara. En su opinión, esto era simplemente cambiar una serie de palabras subjetivas por otra. Para intentar distinguir de manera tan precisa y tener la certeza de que si la probabilidad asignada se aplicaba a una enfermedad indicaría exactamente el mismo nivel (o serie de niveles) de riesgo que si se aplicaba a otra, debía realizarse una cuantificación. Por consiguiente, dicho uso de esos términos cualitativos era engañoso, porque intervenía un nivel de precisión que no podía conseguirse por métodos cualitativos.

6.32 Con respecto al uso de la matriz de evaluación del riesgo y los criterios relativos al nivel adecuado de protección, en la formulación de esta matriz, parecía asignarse un nivel semejante de precisión inalcanzable a la terminología de la evaluación de las consecuencias. Esto, junto con la precisión sobreentendida, pero inalcanzable, supuesta en la estimación de la radicación de la enfermedad, se combinaba para elaborar una matriz que se utilizaba en las decisiones de si cada riesgo no sujeto a control en cada una de las enfermedades especificadas quedaba por encima o por debajo del nivel adecuado de protección de Australia. Así pues, la decisión sobre si se requerían ulteriores medidas se basaba en técnicas de distinción clasificadas con gran exactitud, pero enormemente imprecisas y subjetivas. Un ligero cambio subjetivo en la terminología podría desplazar bastante fácilmente por completo, sin pretenderlo, una enfermedad específica del "sí" al "no", y viceversa. Si bien podría utilizarse razonablemente una matriz de este tipo como guía indicadora de cuáles eran las enfermedades más preocupantes, la Dra. Wooldridge opinaba que esta metodología no era adecuada para el uso muy "preciso" que se le estaba dando y que podía llevar a conclusiones arriesgadas. Una distinción tan precisa sólo se podía conseguir con métodos cuantitativos.

6.33 En general, la Dra. Wooldridge señaló que sus preocupaciones acerca de la metodología utilizada hasta ahora para evaluar los riesgos, y en particular la esfera de la exposición, habían dado lugar a una falta de confianza en el nivel final de riesgo asignado a la radicación de la enfermedad. Esto, a su vez, le creaba grandes dificultades a la hora de responder a varias de las preguntas siguientes, que se basaban en los resultados de la evaluación de esos riesgos, en particular de las relativas a las medidas de gestión, por ejemplo las preguntas 4, 9, 17 y 20. Al examinar ciertas partes de algunas de estas preguntas, en primer lugar intentaba comparar secciones diferentes de los diversos documentos relativos al análisis del riesgo, para ver si la necesidad de aplicar medidas de salvaguardia y su nivel a un producto pesquero en una situación concreta se ajustaba al nivel estimado del riesgo cuando se comparaba con las medidas de salvaguardia y los niveles estimados del riesgo para otro producto en una situación diferente. Sin embargo, las conclusiones de este tipo se basaban en la hipótesis de que los niveles estimados del riesgo era fidedignos y, puesto que en su opinión no lo eran, por ese camino no había llegado a ninguna conclusión útil.

Pregunta 3. Cuando se realiza un análisis cualitativo del riesgo, ¿habría que tener en cuenta el volumen de productos importados y el período de tiempo?

6.34 El Dr. Brückner respondió que el historial anterior a la introducción de una medida sanitaria o fitosanitaria (es decir, si se habían registrado enfermedades o se habían introducido durante el período de tiempo en ausencia de una nueva medida propuesta), podía ser útil para establecer una valoración cualitativa de la probabilidad de introducción de una enfermedad con la aplicación de una nueva medida o sin ella. Sin embargo, el peso relativo atribuido a la información histórica disponible con respecto a los volúmenes importados durante un cierto período de tiempo debería aplicarse con cautela. El hecho de que no aparecieran enfermedades como consecuencia de las importaciones no sujetas a control de salmónidos no viables antes de 1975 era, por ejemplo, un factor de peso relativamente importante en el Informe provisional de 1995 de Australia; no se había hecho lo mismo en el IRA de 1999. Esto podía atribuirse al hecho de que el IRA de 1999 se había realizado como un sistema más estructurado de evaluación basado en hechos científicos para llegar a una decisión sobre la viabilidad de aplicación de procedimientos de gestión del riesgo.

6.35 En el IRA de Nueva Zelandia de 1997, cuando los autores explicaban el valor relativo de la evaluación cualitativa, se señalaba también con acierto que: "… el riesgo no variará de una tonelada a otra o de año a otro como consecuencia de un resultado anterior, es decir, la no introducción de enfermedades durante la importación de 1.000 toneladas de producto no aumenta la probabilidad de introducción en las siguientes 1.000 toneladas importadas".

6.36 El Dr. McVicar observó que la evaluación cualitativa del riesgo se basaba fundamentalmente en experiencias anteriores y que la falta de episodios previos llevaba a aumentar la impresión de que el riesgo era bajo. Sin embargo, la consecuencia de un incidente que se produjese específicamente como resultado de una actividad cambiaría de manera inmediata y completa la percepción del riesgo. Por utilizar un ejemplo práctico de su experiencia personal, como en el salmón criado en Escocia no se había producido anemia infecciosa del salmón (AIS) durante más de 20 años de existencia, con los controles del comercio vigentes, se consideraba que el riesgo de esta enfermedad había sido bajo durante más de 10 años desde de su descubrimiento en Noruega. Esto ocurrió a pesar de la proximidad entre los dos países. Sin embargo, la aparición de la enfermedad en la región oriental del Canadá en 1996-97, sin vínculos de transferencia aparentes, indicaba un riesgo mucho más elevado de un brote semejante en Escocia. Igualmente, el primer brote de una enfermedad de peces en Australia asociada con un producto importado elevaría lo que se podría haber considerado como riesgo bajo a una situación de alto riesgo.

6.37 Con independencia del nivel de la enfermedad en el lugar de origen del producto, cada importación sería portadora del mismo nivel de riesgo de presencia del agente patógeno en ese momento, potencialmente con las mismas consecuencias derivadas de su radicación. Dado que el riesgo se repetía en cada ocasión como si el riesgo anterior no se hubiese producido, carecía de importancia la frecuencia y el período de tiempo de la importación de ese producto. Aquí se suponía que el nivel de riesgo no cambiaba. Sin embargo, en una importación individual, el número de peces tendría una relación con el nivel de riesgo, particularmente en el caso de una enfermedad presente en niveles bajos. Un ejemplo de esto era la práctica, durante la vigilancia de una enfermedad, de utilizar una tabla de probabilidades para determinar el nivel de confianza de la presencia o ausencia de la enfermedad. Por ejemplo, una muestra de 150 peces de una población de 100.000 o más daría una confianza del 95 por ciento de que como mínimo se detectaría un pez infectado si el nivel de prevalencia de la enfermedad fuese igual o superior al 2 por ciento. Para una confianza del 95 por ciento de detectar un nivel de enfermedad del 5 por ciento de la misma población, habría que muestrear 60 peces. Así pues, en un producto con un nivel de enfermedad del 10 por ciento, habría como mínimo uno de cada 60 peces portador de la enfermedad, y para el 2 por ciento uno de cada 150.

6.38 En la ictiopatología se utilizaba con frecuencia el concepto de dosis infecciosa mínima. Ésta indicaba que si había grandes amenazas aisladas o una acumulación de agentes infecciosos para alcanzar esos niveles "críticos" elevados de amenaza, un volumen de importación frecuente o grande podría ser importante en el inicio de la radicación de la enfermedad en una población susceptible expuesta. Sin embargo, éste era un concepto que no se entendía bien, incluso en condiciones experimentales, y el Dr. McVicar no conocía ningún caso de enfermedad de peces en el que esto se hubiera abordado o cuantificado de manera adecuada en situaciones sobre el terreno.

6.39 Tomó nota asimismo de que la ausencia de incidentes de enfermedad relacionados con un volumen frecuente de grandes importaciones de productos no indicaba que este material no plantease riesgos. La ausencia de problemas de enfermedad previamente asociados sólo indicaba que la importación tenía un riesgo bajo en relación con los materiales específicos y las condiciones en las que se había producido la importación anteriormente (localidad, acceso a peces susceptibles, etc.), no que la práctica fuese segura en todas las condiciones. Las conclusiones a las que se llegaba partiendo del hecho de que no se habían registrado incidentes eran solamente válidas si se había efectuado una vigilancia adecuada para detectar cualquier problema que pudiera haberse presentado. El Dr. McVicar señaló también a la atención su respuesta a la pregunta 12.

6.40 La Dra. Wooldridge indicó que si una cantidad determinada (una unidad especificada) de producto importado era portadora de un riesgo evaluado cierto, una cantidad mayor de ese producto sería portadora de un riesgo total más elevado. Este hecho se debía tener en cuenta, con independencia del tipo de evaluación del riesgo, como guía para la posible adopción de decisiones. Además, en caso de disponer de información sobre los volúmenes de importación, sería una buena medida práctica y metodológica recopilarla junto con toda la demás información pertinente.

6.41 En el caso de que el riesgo de importación por unidad se hubiese evaluado como insignificante (utilizando la definición "probabilidad de que se produzca el hecho es tan pequeña que en la práctica puede prescindirse de ella"; recuadro 1.4, página 17), se aproximaría entonces a cero (naturalmente, no era en realidad cero), y cualquiera de sus múltiplos podría razonablemente considerarse también próximo cero. Por consiguiente, sería lógico argumentar que no había necesidad de examinar períodos de tiempo o volúmenes. En cambio, habiendo evaluado el riesgo de importación por unidad como alto, o probablemente incluso moderado, con toda probabilidad no se plantearía la importación del producto tal cual, por lo que en ese punto el examen de los períodos de tiempo o los volúmenes carecería de importancia. El problema de los múltiplos de una cantidad determinada era probable que se produjese sólo cuando el riesgo se evaluara como de moderado a insignificante (con medidas de salvaguardia o sin ellas) por unidad, cuando la cantidad anual podía teóricamente alterar el riesgo, pasando de un nivel que un país concreto estaba dispuesto a aceptar a otro inaceptable para él.

6.42 Sin embargo, en general una evaluación cualitativa del riesgo no se realizaba con la clase de precisión necesaria para evaluar el riesgo por unidades en cualquier situación distinta de la de riesgo insignificante, y si se exigiera una estimación del riesgo por unidad normalmente sería necesario realizar una evaluación cuantitativa del riesgo. En resumen, el examen de los volúmenes y los períodos en tiempo se debería tener en cuenta en la evaluación cualitativa, pero su importancia dependía de la situación.

Pregunta 4. ¿Se mencionaba alguna nueva prueba científica en el Informe de 1999 distinta de la utilizada en el Informe provisional de 1995? En caso afirmativo, ¿era de tal importancia que exigiera medidas de cuarentena distintas de las propuestas en el Informe de 1995?

6.43 El Dr. Brückner respondió que el enfoque y la presentación de la información científica en el Informe de 1999 tenían diferencias sustanciales con respecto a los del Informe provisional de 1995. La información sobre algunas de las enfermedades que se presentaba en el Informe provisional de 1995 era esencialmente la misma. Sin embargo, el ámbito se había ampliado para incorporar también peces marinos distintos de los salmónidos. La evaluación de los datos científicos se había estructurado también para distinguir claramente entre los factores de evaluación y su relación racional con los factores de gestión del riesgo. Se podía aceptar razonablemente que la diferente presentación de los datos científicos merecía una nueva evaluación de las medidas de cuarentena para evaluar su justificación en virtud del párrafo 2 del artículo 2 del Acuerdo MSF. A tenor de lo expuesto, las distintas medidas de cuarentena propuestas eran justificables desde el punto de vista científico.

6.44 El Dr. McVicar indicó que el Informe de 1999 contenía mucha información nueva, poniendo de manifiesto el hecho de que la investigación sobre la ictiopatología era muy activa y continuamente se disponía de nuevos datos. Había aconsejado anteriormente (a Nueva Zelandia) que la Evaluación del riesgo de las importaciones en relación con las enfermedades de los peces fuera un proceso dinámico continuo por lo que era acertado que Australia aprovechase el amplio volumen de nueva información científica pertinente que se había adquirido durante los últimos años. Por ejemplo, en el IRA de 1995 no se reconocía enfermedad alguna en aguas canadienses o escocesas, y esto se abordaba de manera adecuada en el IRA de 1999.

6.45 La Dra. Wooldridge señaló que la fecha de algunas referencias era posterior a 1995, por lo tanto se refería a información científica adicional, pero no se había demostrado que fuera de tal importancia que justificara medidas de cuarentena diferentes. Sin embargo, en su opinión esto no se podría demostrar en ninguna circunstancia hasta que se abordasen los defectos que había identificado en la evaluación básica del riesgo.

Pregunta 5. ¿Está justificada la crítica que figura en la primera comunicación del Canadá, párrafos 49-68, de que "la evaluación de Australia de la probabilidad es muy subjetiva" (párrafo 52), en particular cuando se aplican los términos "baja", "moderada", ... a las probabilidades de un hecho (críticas de los párrafos 49-61); la asignación de probabilidades relativas a distintos agentes patógenos (crítica de los párrafos 62-66); y las consecuencias de la radicación de la enfermedad (crítica del párrafo 67)? Se ruega que evalúen las discrepancias específicas planteadas por el Canadá, pero teniendo en cuenta el informe en general.

6.46 El Dr. Brückner observó que la crítica del Canadá se refería básicamente al valor relativo asignado a las conclusiones y a las expresiones de probabilidad utilizadas en las evaluaciones cualitativas del riesgo en comparación con las cuantitativas. Si bien se citaban ejemplos específicos relativos a determinadas enfermedades para ilustrar la supuesta inaceptabilidad de los términos "baja", "moderada", su uso debía juzgarse asimismo en relación con el informe en conjunto y con el hecho de que el Informe no debía analizarse como una evaluación cuantitativa del riesgo. Los ejemplos específicos citados para la A. salmonicida, el virus de la necrosis pancreática infecciosa, el virus de la anemia infecciosa del salmón, el Vibrio anguillarum, se utilizaban para ilustrar el mismo argumento. El Dr. Brückner estaba de acuerdo en que uno de los peligros de una evaluación cualitativa del riesgo era la posibilidad de que la manera en la cual se expresaba semánticamente el resultado de una evaluación podía estar sujeta a diferencias de opinión en función de la percepción y la opinión del evaluador científico. Señaló asimismo a la atención su respuesta a la pregunta 1.

6.47 El Dr. McVicar respondió que, debido a la falta de datos apropiados disponibles, tanto en el análisis del riesgo de Nueva Zelandia sobre Aeromonas salmonicida como en el Informe Vose, había sido necesario recurrir a numerosas hipótesis generales sobre los aspectos biológicos de la enfermedad y sobre su transmisión. Algunas de éstas eran muy subjetivas en sectores críticos y estaban abiertas a la polémica. Cuando se habían realizado estudios a fondo sobre enfermedades de los peces, se había demostrado que había un elevado número de factores determinantes interactivos que podían influir en la transmisión de la infección y contribuir a las variaciones posteriores en el nivel y los efectos de la enfermedad en los peces. Para las enfermedades que se consideraban de posible importancia para Australia, en general se disponía de información insuficiente para realizar esos análisis detallados y era conveniente que Australia eligiese un método cualitativo.

6.48 En cualquier análisis del riesgo (ya sea cuantitativo o cualitativo) existía la probabilidad de una diferencia de opinión sobre lo que era un nivel aceptable del riesgo y lo que era inaceptable, con defensores de una atenuación que deseaban niveles más altos que los que pedían un planteamiento más precautorio. La relativa subjetividad de las dos posiciones era incómoda para la ciencia.

6.49 Con respecto a Aeromonas salmonicida, el riesgo principal de importación de este agente no era la forunculosis (que, como se había indicado, debería eliminarse mediante la inspección), sino la presencia de la infección en tejidos de peces infectados de manera no visible. En esta enfermedad, era frecuente que los peces tuvieran una infección aguda e incluso muriesen sin mostrar signos clínicos de la enfermedad y que los peces capturados de esas poblaciones con una infección bastante intensa probablemente pasaran inadvertidos durante la inspección. En tales especies cabía esperar una elevada concentración de bacterias en la sangre y los tejidos, que se mantendría tras la evisceración y el lavado. Por consiguiente, estaba justificado el nivel de evaluación del riesgo de entrada como "moderado", teniendo en cuenta el nivel de riesgo de radicación a través de rutas potenciales, como habían convenido ambos países.

6.50 Con respecto a las probabilidades relativas asignadas al virus de la necrosis pancreática infecciosa y al de la anemia infecciosa del salmón, parecía que había una serie de niveles de riesgo posibles dentro de una categoría y que podrían contribuir varios factores diferentes a que una enfermedad se asignase a una determinada categoría. Por ejemplo, se sabía que la AIS se transmitía más fácilmente que el VNPI en una estructura horizontal, equilibrando su gama más limitada de portadores conocidos. Habría que señalar que existían informes en la bibliografía científica de que la AIS afectaba también a la trucha arco iris (Onchorhynchus mykiss) y la trucha de mar (Salmo trutta). Recientemente también se había publicado una noticia de prensa del Ejecutivo Escocés de que el virus de la AIS se había encontrado asimismo en la anguila, Anguilla anguilla. El VNPI tenía también mayor estabilidad que el virus de la AIS en el medio ambiente.

6.51 El VERV podría tener en Australia un tratamiento distinto del de otras enfermedades víricas importantes (enumeradas por la OIE), porque este virus se encontraba ya presente en Australia, las distintas cepas tenían gamas de portadores diferentes y el virus estaba normalmente asociado con peces jóvenes que no se importarían. El Dr. McVicar no estaba de acuerdo con la afirmación de la primera comunicación del Canadá (párrafo 65) de que A. salmonicida y R. salmoninarum raramente se notificaban en peces de más edad. No era ésta su experiencia personal, de manera que consideraba válida esa discrepancia señalada.

6.52 El convencimiento del Canadá de que Australia exageraba el daño potencial que podría sufrir su imagen de libre de enfermedades y residuos químicos como consecuencia de la introducción de A. salmonicida tenía cierto fundamento. A menos que los peces se criasen en condiciones semejantes a las de cuarentena, era inevitable que se produjeran enfermedades locales, algunas de las cuales requerían tratamiento. Australia no era una excepción y continuaría así.

6.53 La Dra. Wooldridge indicó que había contestado a esta pregunta en su respuesta a las preguntas 1 y 2. En su opinión, las críticas del Canadá descritas en esta pregunta estaban justificadas en cualquier circunstancia basándose en razones metodológicas. Además, no entendía por qué no se había intentado realizar una evaluación cuantitativa (primera comunicación del Canadá, párrafo 49) puesto que, si bien el Acuerdo MSF no lo exigía específicamente, habría simplificado y aclarado las cuestiones.

Pregunta 6. ¿Está justificada la crítica del Canadá de que en el Informe de 1999 no se evalúa de forma sustancial la eficacia relativa de las medidas de reducción del riesgo en la disminución del riesgo general de enfermedades en relación con las importaciones de salmón canadiense (primera comunicación, párrafos 69-79)? Se ruega que analicen las discrepancias específicas planteadas por el Canadá, pero teniendo en cuenta el informe en general.

6.54 El Dr. Brückner indicó que las medidas de reducción del riesgo (medidas de gestión del riesgo) expuestas por Australia eran una serie de medidas compatibles con el nivel adecuado de protección establecido por Australia en el ejercicio de su derecho soberano para hacerlo. Se había hecho esto para acomodar una combinación de medidas que permitiesen una serie de prescripciones para las importaciones de salmón. La alternativa sería tener varias series de prescripciones que habrían de aplicarse caso por caso en función de la presencia o ausencia de la enfermedad en el país exportador interesado. Su opinión era que las medidas formuladas no imponían una restricción injustificada del comercio de los productos en cuestión, con la excepción de las prescripciones relativas a los productos "preparados" y "no preparados para el consumo". Sus opiniones en este sentido figuraban en la respuesta a la pregunta 7 infra, en relación con la prescripción para los productos de pescado con piel.

6.55 El Dr. Brückner estaba de acuerdo con la afirmación del párrafo 72 de la comunicación canadiense de que la introducción de una o dos medidas adicionales de atenuación del riesgo en relación con el que representaba una enfermedad específica (es decir, la presencia de la enfermedad sólo en los peces jóvenes y en los adultos no reproductores), podría tener un resultado diferente en cuanto a las medidas generales de reducción del riesgo relativas a una enfermedad específica. Sin embargo, se restringiría la finalidad y el valor científico del IRA de 1999 si la evaluación del riesgo de enfermedades específicas se concentrase solamente en grupos de cierta edad dentro de una especie (por ejemplo, solamente adultos) y se omitiera el riesgo que representaban otros grupos de edad no examinados. En las condiciones de importación expuestas en el AQPM 1999/51, las ocho medidas primarias de reducción del riesgo reflejaban el resultado de una evaluación total. Este enfoque incorporaba los riesgos comunes e individuales de las enfermedades en cuestión y no sólo de una enfermedad en particular (es decir, la prescripción 3 con respecto a la exclusión de los peces jóvenes y reproductores). El resultado final era el establecimiento de prescripciones por encima de la norma internacional aceptable (evisceración) sólo cuando estuviera científicamente justificado por el IRA de 1999. Este método de establecer una combinación de prescripciones de importación comunes para varias enfermedades no era una práctica insólita en relación con otros productos alimenticios de origen animal.

6.56 El Dr. McVicar respondió que había algunos casos de brotes de enfermedades que se estaban produciendo como consecuencia de los desplazamientos de pescado elaborado para el consumo humano, siendo el ejemplo más citado en los peces la enfermedad del vértigo (Myxobolus cerebralis), que probablemente se había propagado a través del pescado y los productos pesqueros congelados. Australia indicaba opciones prácticas disponibles para la reducción del riesgo asociado con los productos de los salmónidos. Sólo se disponía de datos cuantificados de interés limitados sobre la reducción del nivel de patógenos presentes en el producto tras su preparación para el consumo, confirmando la deducción lógica de que la eliminación de las partes no comestibles o de bajo valor reduciría (pero no eliminaría) el riesgo de que ese material entrara en contacto con aguas que contuvieran peces susceptibles. A partir de esa base, Australia emitía un juicio sobre su probable eficacia en la reducción de ese riesgo que era tanto transparente como lógico.

6.57 Con respecto a las discrepancias planteadas por el Canadá, el Dr. McVicar recordó sus observaciones sobre la aparición de forunculosis y renibacteriosis en el salmón de tamaño comercial (respuesta a la pregunta 5) e indicó que con frecuencia se notificaba que los peces reproductores con necrosis hematopoyética infecciosa representaban una fuente importante de infección para la siguiente generación. En todas las enfermedades infecciosas de los salmónidos había una estrecha relación entre la gravedad de una enfermedad y el estrés en sentido general y era probable que una enfermedad persistente en una población desde la edad joven hasta la adulta pudiera brotar en los peces sexualmente maduros en condiciones adversas para el portador. Era demasiado simplista generalizar diciendo que las enfermedades podían predominar más en los peces jóvenes o en los sexualmente maduros, como indicando que eran los únicos sectores de riesgo, aunque para muchas enfermedades no representasen el período de riesgo máximo.

6.58 La Dra. Wooldridge señaló su respuesta a la pregunta 1, parte c). En su opinión, la crítica del Canadá estaba justificada.

Pregunta 7. ¿Qué riesgo se evita mediante la eliminación de la piel del salmón canadiense? ¿Qué riesgos se evitan mediante la prescripción de que el peso del producto con piel sea inferior a 450 g? ¿Sería mayor el riesgo relativo a las importaciones de salmón canadiense sin esas prescripciones? En caso afirmativo, ¿sería ese aumento del riesgo de tal magnitud que superase el nivel aceptable del riesgo de Australia, es decir, "un nivel de protección alto o muy conservador encaminado a reducir el riesgo hasta llegar a niveles muy bajos, si bien no está basado en el enfoque de riesgo cero" (primera comunicación de Australia, párrafo 147)?

6.59 El Dr. Brückner señaló que no podía encontrar en el IRA de 1999 ninguna justificación científica racional para las prescripciones específicas relativas a los productos "preparados para el consumo" (es decir, con piel para menos de 450 g y sin piel para más de 450 g). La única referencia que se hacía con respecto a esta prescripción (comunicación de Australia, párrafos 66-67) no era una opinión científica convincente. Se mencionaban preferencias comerciales de productos específicos (prueba documental H). Sin embargo, las preferencias comerciales no debían ocultar el juicio científico sobre el riesgo.

6.60 Tampoco era claro el motivo por el cual los productos con más de 450 g se debían someter a una elaboración previa a la comercialización en instalaciones dentro de Australia. No se aducía ninguna razón de por qué no podía realizarse en instalaciones del país de origen aprobadas por el AQIS. Tanto las prescripciones para los productos "preparados para el consumo" como para los de otro tipo podrían interpretarse como medidas restrictivas del comercio, en el sentido de los párrafos 2 y 3 (segunda frase) del artículo 2 y el párrafo 6 del artículo 5 del Acuerdo MSF.

6.61 El Dr. McVicar respondió que, con respecto a la piel, deberían analizarse dos cuestiones. La primera era si la piel del pescado contenía una infección en concentraciones suficientes para crear un riesgo de transmisión de los agentes patógenos. La información reciente sobre la presencia de agentes patógenos como Aeromonas salmonicida y el virus de la anemia infecciosa del salmón ponía de manifiesto que los niveles de infección eran altos en la superficie de la piel y las branquias de los peces vivos y que, para el virus de la AIS, la sangre, la mucosidad y los fluidos corporales adheridos a la superficie eran portadores importantes de la infección (por ejemplo, en el equipo contaminado) capaces de transmitir esa enfermedad. El lavado del pescado eviscerado era un requisito para reducir los niveles de infección en la superficie del producto, y sin duda así se eliminaría una gran parte de la mucosidad con una infección asociada. Sin embargo, no se había cuantificado en qué medida se lograba esa reducción en las condiciones normales de una fábrica. Puesto que la piel de los salmónidos no era un órgano con sangre abundante y sus verdaderos tejidos no se identificaban como lugares importantes de infección en el caso de las enfermedades motivo de preocupación para Australia, era poco probable que la piel o las superficies cutáneas lavadas de los salmónidos fueran zonas importantes de riesgo de infección en el pescado eviscerado.

6.62 La segunda cuestión que había que examinar era el riesgo de que la piel con una infección viable se pusiera en contacto con un pez susceptible. La piel era un componente de los desechos de escaso valor que podría eliminarse de forma no controlada con el riesgo de transferir al medio ambiente cualquier agente infeccioso asociado que tuviera. La eliminación de la piel en los productos no preparados para el consumo antes de su entrada en Australia eliminaría sin duda este riesgo concreto.

6.63 Con respecto a los productos con piel de peso menor de 450 g, el Dr. McVicar señaló que los productos con menos de 450 g de peso podían considerarse de ración y en una forma que era aceptable para la cocción directa sin ulterior elaboración. El riesgo asociado con las partes de escaso valor del producto que se desechaban se reducía de nuevo, por consiguiente, al exigir que el salmón importado estuviera preparado para el consumo.

6.64 En su opinión, teniendo en cuenta los conocimientos actuales acerca de las enfermedades motivo de preocupación para Australia, era poco probable que la eliminación de la piel del salmón canadiense contribuyera de manera importante a la reducción del riesgo.

6.65 La Dra. Wooldridge indicó que no se consideraba competente para responder si un agente patógeno determinado tenía muchas probabilidades de estar localizado en la piel ni si era probable encontrar alguno de dichos agentes (en caso de que existieran) en el salmón canadiense. Sin embargo, si el agente no estaba localizado en la piel, opinaba que la eliminación de la piel no afectaba al riesgo de manera apreciable. En ese caso, la eliminación de la piel antes de la entrada en Australia, siempre que la piel no entrase también en Australia, reduciría el riesgo de entrada del microorganismo patógeno en ese país. Sin embargo, si la piel se eliminaba en Australia, el riesgo total sería el mismo que si no se hubiera eliminado, a menos que al mismo tiempo se adoptasen medidas de salvaguardia adicionales relativas a la eliminación de la piel que redujesen el riesgo de exposición acuática derivada de ella. Esto solamente sería necesario si el riesgo total fuera inaceptable.

6.66 Si el agente patógeno estaba localizado en la piel, era de suponer que se encontraría también en la piel de los productos con ella de peso inferior a 450 g, que podría proceder de las mismas fuentes. Por consiguiente, examinando simplemente la capacidad de aparición del riesgo a partir del producto, la prescripción orientada a asegurar un peso inferior a 450 g no influiría en dicho riesgo.

6.67 Sin embargo, el argumento de Australia (Informe de 1999, 5.2.2., página 199) parecía estar basado en las rutas de exposición y en hipótesis relativas a las pautas de comportamiento humano, es decir, que los consumidores que hubieran comprado productos de salmón clasificados como de consumo humano era más probable que lo utilizasen como alimento de peces o cebo si tuvieran la piel y pesaran más de 450 g. Dada la disponibilidad de productos (al parecer) más económicos con esos fines, parecía poco probable que esa fuera una situación normal, pero un psicólogo o un experto en economía doméstica podría ser más idóneo para estimar esta probabilidad. Probablemente habría un efecto diferencial en función de la diferencia de precio entre los productos. En cualquier caso, parecía poco probable que este uso constituyera una gran proporción del volumen total del pescado importado que se vendía para consumo humano.

6.68 El elemento importante desde un punto de vista metodológico era que la aparición del riesgo y las vías de exposición se habían examinado ya (sobre la base de las importaciones totales) en la parte de evaluación del riesgo del informe. La exposición se había evaluado (como máximo) como baja (y la Dra. Wooldridge había explicado ya por qué consideraba que probablemente debería ser incluso más baja). A la vista de lo que parecían ser las cantidades probables (y su potencial probable de creación de riesgo) que se eliminarían por la vía específica de exposición señalada más arriba, en su opinión parecía muy poco probable que la concentración total de patógenos en una zona determinada variase de manera significativa con respecto a la evaluación de referencia. Una evaluación cuantitativa adecuada contribuiría enormemente a aclarar esta cuestión.

Pregunta 8. Se ruega que expongan sus opiniones sobre la afirmación de Noruega (en su comunicación en calidad de tercera parte, párrafo 21) de que "resulta difícil advertir de qué modo puede tener una relación pertinente con el riesgo la prescripción de que el pescado y los filetes sean de 'no más de 450 g' y 'de ración', y considera que Australia no ha dado ninguna explicación racional de ello en el IRA de 1999". Véase también la comunicación de las CE como tercera parte, párrafo 11.

6.69 El Dr. Brückner respondió que respaldaba plenamente las opiniones expresadas tanto por Noruega como por las CE, como había expuesto en su respuesta a la pregunta 7.

6.70 El Dr. McVicar respondió que el punto límite de 450 g no reflejaba ninguna diferencia conocida importante en la pauta de infección de los salmónidos. Como había indicado en la respuesta a la pregunta 7, una posible razón era que 450 g se consideraba el tamaño máximo de una ración individual, por encima del cual era probable que aumentase la elaboración ulterior, con los riesgos asociados derivados de la eliminación de efluentes y desechos no deseados.

6.71 La Dra. Wooldridge recordó también su respuesta a la pregunta 7. Podía haber una posible justificación teórica altamente improbable, pero su necesidad en la práctica seguía totalmente sin demostrar.

Pregunta 9. Se ruega que expongan sus opiniones sobre la afirmación de Australia de que "el proceso de evaluación del riesgo basado en las enfermedades destruía de una vez por todas las hipótesis de que sólo es posible gestionar el riesgo en consonancia con el nivel adecuado de protección mediante la aplicación de las mismas medidas a todos los productos. El IRA ha demostrado que una comparación de los riesgos entre productos diferentes tomando como base la aplicación de medidas para enfermedades en común es totalmente anticientífica ..." (párrafo 12 de su primera comunicación) y que "las generalizaciones acerca de la eficacia relativa de los controles sobre el desplazamiento interno del pescado y los productos pesqueros como parte de la gestión del riesgo, así como de las consecuencias económicas, tienen una carencia de rigor científico alarmante" (párrafo 71). Se ruega que hagan lo mismo con respecto a los tres puntos planteados en el párrafo 124 de la comunicación de Australia.

6.72 El Dr. Brückner indicó que el párrafo 3 del artículo 3 y los párrafos 3, 4 y 6 del artículo 5 del Acuerdo MSF tenían una relación especial con las afirmaciones de Australia. El espíritu general de todos esos artículos pertinentes del Acuerdo era que no se debía utilizar un nivel adecuado de protección como medida de restricción del comercio, su coherencia y la necesidad de aplicarlo solamente cuando se tratase de la protección de la vida o la salud de los animales, el ser humano y las plantas. El párrafo 5 del artículo 5 se refería al nivel adecuado de protección en distintas situaciones, lo cual podría asimismo interpretarse como "para distintos productos". La cuestión era si se podría conseguir un nivel adecuado de protección mejor o de la misma manera si las medidas no se generalizaban y se aplicaban de forma diferente a distintos productos. La afirmación de Australia del párrafo 12 aparentemente advertía en contra de la generalización de las medidas y formaba el núcleo central de su argumentación para aplicar un proceso de evaluación y gestión del riesgo basado en la enfermedad (párrafo 10). El argumento científico era que las enfermedades se manifestaban de manera diferente en las distintas especies y en relación con los productos de dichas especies. Se afirmaba que había que tener en cuenta esta diferencia a la hora de establecer medidas de gestión del riesgo. En ninguno de los artículos mencionados del Acuerdo se establecía que debía haber una conformidad "general" de las medidas para ajustarse a un nivel adecuado de protección. El proceso que se aplicaba en el IRA de 1999 respaldaba también la opinión de Australia, aunque se podría aducir que ese criterio tenía ventajas e inconvenientes, en particular si una medida se evaluaba a la luz de las posibles restricciones sobre el comercio que dicha medida podría imponer. El enfoque de Australia no parecía ser incompatible con el Acuerdo, por lo que no era posible oponerse a él.

6.73 Las afirmaciones de Australia contenidas en el párrafo 71 se sostenían en el sentido de que aparentemente no se oponían a la necesidad de poner las normas nacionales en conformidad con las internacionales, pero añadían alguna perspectiva sobre el fundamento del control interno en circunstancias específicas. Basaban su argumentación en la evaluación total del riesgo, es decir, el riesgo que planteaban las importaciones en relación con la situación y los controles nacionales. Podía aceptarse el hecho de que si en el país se producía una enfermedad de manera localizada (es decir, no endémica), pero aún así planteaba un riesgo de enfermedad y económico, se aplicasen medidas de atenuación del riesgo iguales o no discriminatorias. Sin embargo, el mero hecho de la presencia de una enfermedad dentro del territorio nacional sin tener en cuenta la viabilidad de las medidas de atenuación del riesgo en relación con la epidemiología de la enfermedad podía considerarse que no era científica.

6.74 Con respecto al primer punto del párrafo 124, el IRA de 1999 respaldaba esa hipótesis. La impresión general sería que el pescado para cebo y los peces vivos plantearían un riesgo más alto, pero esto debería evaluarse frente a los factores relativos a la aparición del riesgo y las consecuencias para las enfermedades pertinentes y en relación con el producto en cuestión e interpretarse sobre una base científica y no desde una perspectiva generalizada subjetiva (es decir, "sería siempre más alto").

6.75 Con respecto al segundo punto del párrafo 124, el Dr. Brückner indicó que en el Acuerdo MSF no se exigía explícitamente el establecimiento de un nivel adecuado de protección y podría decirse que dicho nivel se podía deducir de las medidas aplicadas. Sin embargo, esto no implicaba que la medida determinase el nivel adecuado de protección. En la práctica normal de establecimiento de un nivel adecuado de protección (que era prerrogativa del Miembro), se determinaba primero ese nivel (es decir, mediante la evaluación del riesgo) y luego se aplicaban las medidas necesarias para lograrlo.

6.76 En el tercer punto del párrafo 124 se planteaba la cuestión de la "misma medida" para "una enfermedad en común", a la que también se aludía en la pregunta 9. El Dr. Brückner estaba de acuerdo con esa afirmación por las mismas razones.

6.77 El Dr. McVicar respondió que las distintas enfermedades tenían distribuciones, niveles y localizaciones de infección diferentes, así como una capacidad de supervivencia diferente, y era totalmente adecuado que se examinase cada una por separado. Por ejemplo, las medidas de gestión del riesgo que podrían aplicarse a Gyrodactylus salaris (por ejemplo, más de dos días sin acceso a una especie portadora susceptible viva) eran completamente diferentes de las adecuadas para el virus de la AIS ( por ejemplo, pH bajo) y totalmente distintas de las aplicables al VNPI ( por ejemplo, pH alto). Era cierto que los mismos métodos podían ser eficaces para abordar el riesgo de varias enfermedades distintas, pero no se podía deducir que un conjunto limitado de medidas sería útil para todas las enfermedades en cuestión. Por consiguiente, el Dr. McVicar respaldaba el criterio adoptado por Australia de evaluar los riesgos, las consecuencias y las medidas adecuadas que debían adoptarse enfermedad por enfermedad. Teniendo en cuenta los tres puntos planteados en el párrafo 124 de la comunicación de Australia, recordó que había analizado el riesgo comparativo de "una enfermedad en común" entre distintos tipos de productos en su respuesta a la pregunta 10. El nivel adecuado de protección determinaba las medidas necesarias para cada enfermedad y cada tipo de producto y, como había indicado ya en su respuesta a esta pregunta, una medida podría lograr con eficacia el nivel adecuado de protección para más de una de las enfermedades motivo de preocupación, pero no necesariamente para todas.

6.78 La Dra. Wooldridge respondió que, puesto que consideraba que el proceso de evaluación del riesgo descrito por Australia en el informe de 1999 presentaba graves defectos, no pensaba que las ulteriores generalizaciones pudieran basarse en sus resultados. En su opinión, no se podía decirse que invalidase (o confirmase) ninguna hipótesis relativa a la gestión del riesgo, o que hubiera demostrado algo con respecto a los riesgos entre distintos productos (párrafo12 de la primera comunicación). Utilizando el mismo fundamento, en su opinión, los resultados de las evaluaciones del riesgo de 1999 no habían confirmado la validez o la invalidez científica de las hipótesis descritas en el párrafo 124.

Pregunta 10. En su opinión, ¿determinarían las medidas australianas impuestas ahora a las importaciones de salmónidos no viables y las que se impondrá a otros peces marinos no viables (en particular, al arenque destinado a cebo) y a los peces ornamentales vivos un nivel similar de protección, es decir, "un nivel de protección alto o muy conservador encaminado a reducir el riesgo hasta llegar a niveles muy bajos, si bien no está basado en el enfoque de riesgo cero" (primera comunicación de Australia, párrafo 147)? En caso negativo, ¿existe alguna justificación científica para dicha diferenciación?

6.79 El Dr. Brückner expresó la opinión de que las medidas impuestas eran conformes con el nivel de protección establecido por Australia y darían lugar a un nivel de protección semejante.

6.80 El Dr. McVicar observó que en numerosas ocasiones se había demostrado que los peces vivos que se desplazaban de una zona a otra presentaban el mayor riesgo de enfermedades. Ni los peces enteros ni el pescado eviscerado se habían vinculado de manera concluyente a una transferencia amplia de infecciones entre zonas, aunque sí se reconocía que las vísceras (junto con los órganos con sangre abundante y de un valor de eliminación bajo) planteaban un riesgo suficientemente alto para llegar a un acuerdo internacional de que la eliminación era necesaria con objeto de lograr una reducción suficiente del nivel de riesgo asociado. Como se señalaba en el Informe de 1999, con las vísceras no se eliminaban todas las infecciones, debido a la sangre que quedaba en el pescado y a la localización de la infección en otras partes del cuerpo. La diferencia de riesgo entre el pescado eviscerado y no eviscerado era, por consiguiente, una cuestión de grado y, en ausencia de estudios cuantitativos sobre la magnitud de la reducción de los agentes infecciosos presentes, se trataba de un juicio de valor.

6.81 Para examinar si había o no justificación científica para hacer una diferenciación entre las medidas que se estaban imponiendo a los salmónidos no viables y las de los peces marinos no viables y los peces ornamentales vivos, el Dr. McVicar señaló que había que tener en cuenta tres aspectos:

a) Era necesaria cierta cautela para utilizar sin reservas las listas de portadores y enfermedades publicadas. Numerosos informes sobre la presencia de enfermedades en especies de peces se derivaban de situaciones experimentales o de muestras tomadas en poblaciones infectadas de portadores normales en condiciones no naturales, por ejemplo piscifactorías, o de poblaciones en estrecha relación con ellas. Debido a que era posible que se produjera una situación con un portador infeccioso, era lógico que se ejercieran controles estrictos sobre los peces ornamentales que habían estado en contacto con enfermedades de otros peces, particularmente en las condiciones anormales de las piscifactorías. Sin embargo, en condiciones naturales el proceso de infección podría ser más difícil o incluso imposible en algunos casos, debido a la existencia de una serie de barreras biológicas o físicas. Esta conclusión se reflejaba en la reglamentación internacional de la lucha contra las enfermedades de los peces, que normalmente no reconocía especies portadoras como susceptibles a un determinado agente patógeno cuando la exposición había sido anormal (por ejemplo, experimental) y no se había demostrado la presencia natural de la infección. Así pues, por ejemplo, muchas de las listas de "portadores" de NHI podrían no considerarse "válidas".

b) Era bien conocida la existencia de cepas del mismo agente infeccioso de peces que mostraban diferencias acentuadas de patogenicidad e infectividad (y, en consecuencia, de riesgo). Esto podía ocurrir en una misma especie portadora, pero era relativamente común cuando se encontraban infecciones de la "misma" especie en varios tipos de peces. Cuando se sabía que esas diferencias se debían a características inherentes al agente infeccioso, no al portador o el medio, sino a distintas "cepas", éstas no podían separarse mediante los métodos actuales aprobados de diagnóstico (probablemente por la ineficacia de los métodos) y esto planteaba dificultades en el funcionamiento lógico de los controles legislativos. Para abordar este problema se estaba llevando a cabo actualmente en Europa un importante programa de investigación con objeto de perfeccionar los métodos de diagnóstico de la septicemia hemorrágica viral/rabdovirus marinos de diferentes especies portadoras. Igualmente, era evidente que algunas cepas atípicas de Aeromonas salmonicida no producían una enfermedad importante en los salmónidos cuando procedían de peces distintos de los salmónidos. En general, se podía llegar a la conclusión de que las infecciones que causaban una enfermedad en una especie de peces presentarían el mayor nivel de riesgo para las poblaciones de la misma especie, o de otras estrechamente relacionadas con ellas, en la zona de importación y menor riesgo para otras especies. Estos aspectos eran evidentes en algunas reglamentaciones de lucha contra las enfermedades de los peces (por ejemplo, en la UE) donde se permitía el comercio controlado de peces ornamentales vivos entre zonas con situaciones diferentes para las enfermedades controladas de los salmónidos, mientras que el comercio de salmónidos se sometía a un control más riguroso.

c) También era importante el riesgo derivado de la dispersión de enfermedades de interés identificadas a partir de peces o productos importados y la presencia de peces susceptibles. Antes de que muchas infecciones pudieran radicarse en un nuevo pez aislado o en una población de peces era necesaria una cantidad considerable de agente infeccioso ("dosis infecciosa mínima"). El Dr. McVicar recordó las incertidumbres acerca del concepto de dosis infecciosa mínima para las enfermedades de los peces expuestas en su respuesta a la pregunta 3. Era manifiesto que el grado de dilución por el medio acuático en el punto de aparición del riesgo podía tener una importancia decisiva. Así pues, los cuatro tipos de medios acuáticos, en orden de capacidad de dilución creciente (o riesgo decreciente) eran: estanques de piscifactorías, ríos, lagos y mar abierta.

6.82 El Dr. McVicar observó además que Australia tenía intención de continuar importando peces ornamentales vivos y el Canadá planteaba fundamentalmente la cuestión de si la importación de estos peces, alguno de ellos capaces de transmitir ciertas enfermedades de los salmónidos en cuestión, planteaba un riesgo que contrarrestase los efectos de los controles que se estaban aplicando a los productos de los salmónidos (primera comunicación del Canadá, párrafos 92-95). Las enfermedades motivo de preocupación que eran comunes a los peces ornamentales y los salmónidos eran la necrosis pancreática infecciosa y Aeromonas salmonicida. En la primera, las medidas exigidas para los productos de salmónidos eran relativamente poco severas en el nivel de riesgo que se aceptaba. En el segundo caso, se reconocía que los peces distintos de los salmónidos de agua dulce tenían más probabilidad de infectarse con cepas atípicas de A. salmonicida que con otras normales, y que éstas en conjunto no tenían efectos importantes en el medio ambiente natural.

6.83 Con respecto a los peces marinos no viables se podían hacer las mismas consideraciones sobre las diferencias en la "cepa" biológica del agente infeccioso común entre distintas especies portadoras. Había cada vez más pruebas de la existencia de un grupo de rabdovirus marinos (identificados todos como de la SHV, por los métodos actuales de diagnóstico) en especies de peces marinos que tenía una infectividad y una patogenicidad mucho más bajas que el "clásico" de la SHV presente en las piscifactorías de truchas arcos iris de agua dulce. Así pues, las pruebas de diagnóstico actuales no permitían diferenciar entre cepas que tenían diferencias biológicas importantes y podrían estar agrupando agentes infecciosos muy diferentes bajo un nombre común. Se estaban realizando nuevas investigaciones en este sector con objeto de solucionar este problema.

6.84 El Canadá citaba la detección del virus de la NHI en el arenque del Pacífico como un riesgo no sujeto a control asociado con la importación de arenques a Australia para cebo, pero convenía señalar que los registros de infección procedían de exposiciones experimentales y de peces capturados en la misma localidad general que las poblaciones de salmones de criadero infectados.

6.85 El Dr. McVicar opinaba que había una justificación científica para la aplicación de una serie de medidas diferentes a distintos productos que estaba importando Australia debido a variaciones en el carácter de las infecciones conocidas que podían estar presentes en el material original y a las variaciones en el riesgo real y probable de aparición de estas enfermedades en el medio de Australia. Había precedentes en la reglamentación de otras zonas. Las listas de portadores y enfermedades que se encontraban en la bibliografía científica no debían utilizarse sin una evaluación cuidadosa como prueba de la susceptibilidad de una especie de peces a una infección (y, por consiguiente, del riesgo en el producto a partir de infecciones presentes de manera natural). El Dr. McVicar llegó a la conclusión de que con las medidas que impondría Australia ahora para los peces marinos no viables y los peces ornamentales vivos se podría conseguir un nivel de riesgo muy bajo.

6.86 La Dra. Wooldridge señaló que la definición de nivel de protección como un "nivel de protección alto o muy conservador encaminado a reducir el riesgo hasta llegar a niveles muy bajos" tenía los mismos problemas con respecto a la subjetividad inherente a las palabras "alto" y "muy bajo" a la que se había referido anteriormente. Australia había declarado que requería "un nivel de protección alto o muy conservador encaminado a reducir el riesgo hasta llegar a niveles muy bajos", y si estaba dispuesta a aceptar salmónidos no viables, arenques para cebo y peces marinos vivos en determinadas condiciones, los riesgos asociados debían, por definición, reducirse como mínimo a lo que Australia definía como "niveles muy bajos". En su opinión, la cuestión era si las restricciones impuestas sobre los salmónidos no viables reducían de verdad los riesgos (innecesariamente) a un nivel más bajo que ése.

6.87 Ésta no era una pregunta fácil de contestar sin la ayuda de una evaluación del riesgo realizada específicamente para abordar esta cuestión. Podría haber diferencias verdaderas en el riesgo global de radicación de una enfermedad asociada a distintas especies de peces (que requerirán medidas de salvaguardia distintas), incluso cuando las vías de exposición fueran las mismas. Se podía suponer que la F1 de una especie de peces tenía una prevalencia muy baja de la enfermedad X, pero vías de exposición con una probabilidad elevada (por ejemplo, peces destinados a cebo). En conjunto, el riesgo general de radicación de X se evaluaría como extremadamente bajo (o más bajo) debido a la prevalencia extraordinariamente baja. Era posible que no se considerase necesario adoptar medidas de salvaguardia (o mínimas) para garantizar el mantenimiento del riesgo por debajo de niveles aceptables.

6.88 Luego se pasaría al supuesto de que la F2 de la especie de peces tuviera un nivel de prevalencia de la enfermedad X más alto que la F1, y vías de exposición que dieran una probabilidad de exposición más baja que para la F1 (por ejemplo, peces destinados al consumo humano). ¿Era el riesgo global de radicación más alto, más bajo o el mismo? Esto, por supuesto, dependería exactamente de la magnitud del aumento de la prevalencia y del valor de la reducción de la probabilidad de exposición. Era posible que en conjunto el riesgo de radicación fuese más alto a pesar de tener una probabilidad menor de exposición. En ese caso, tal vez deberían aplicarse medidas de salvaguardia más severas para los peces destinado al consumo humano con respecto a la enfermedad X, a fin de ofrecer el mismo nivel de protección que el de otros productos de pescado.

6.89 Aunque se trataba de un argumento intuitivo, no se podía suponer, por consiguiente, que una vía de exposición menos probable llevaría automáticamente siempre a un nivel más bajo de las medidas de salvaguardia necesarias para una enfermedad específica. Sin embargo, si la misma enfermedad estuviera presente con el mismo nivel de prevalencia en dos especies de peces (por ejemplo un salmónido y un pez distinto) y la probabilidad de exposición para una fuera más baja que para la otra, entonces estaría claro que la probabilidad más baja de exposición daría lugar a un riesgo total menor (para el mismo volumen de producto y con todas las demás condiciones iguales).

6.90 Se podría obtener alguna información examinando la evaluación del riesgo para las mismas enfermedades en los grupos de peces (por ejemplo, salmónidos y no salmónidos) y comparando los resultados del riesgo con la gestión requerida. Sin embargo, dado que consideraba que las propias evaluaciones eran defectuosas, si antes no se realizaba una nueva evaluación estimaba que carecía de sentido esta comparación. En opinión de la Dra. Wooldridge, otro sistema para aclarar esta compleja cuestión sería intentar cuantificar los riesgos para la misma enfermedad en categorías de peces diferentes o bien para la enfermedad que se considerase que tenía cualitativamente mayor riesgo para cada categoría de importación, a fin de averiguar si había diferencias de orden en los riesgos y las probables medidas de salvaguardia que se necesitarían, en comparación con las exigidas.

Pregunta 11. ¿Es posible verificar de manera objetiva a partir del Informe de 1999 y/o de otras pruebas en poder del Grupo Especial si existe la diferencia aludida en la pregunta 10? En caso afirmativo, ¿está justificada?

6.91 El Dr. Brückner respondió que el IRA de 1999 respaldaba el fundamento de la medida para lograr el mismo nivel de protección.

6.92. El Dr. McVicar señaló a la atención las observaciones que había formulado en su respuesta a la pregunta 10.

6.93 La Dra. Wooldridge respondió también que su respuesta a la pregunta 10 contestaba esa pregunta.

Pregunta 12. En la sección 8.1 del Informe de 1999 (sección 8.1.2 del Informe provisional de 1999) se afirma, en el párrafo 345, que los peces utilizados para fines como los piensos y el cebo tienen evidentemente más probabilidad de introducir agentes patógenos (si existen en los peces) en el medio acuático que el producto importado para consumo humano. En la misma sección, en los párrafos 346-47, se indica que el uso de miles de toneladas de sardinas, caballas pintojas y arenques importados como cebo para langostas durante varios decenios no ha causado efectos adversos detectables en la sanidad de los peces o en el medio acuático. La conclusión que se cita es que el riesgo de que tales importaciones introduzcan una enfermedad exótica capaz de producir una mortandad de peces en gran escala es muy baja o no existe en absoluto.

En el párrafo 115 de su primera comunicación, el Canadá señala, con referencia a lo anterior, que si la ausencia de transmisión de enfermedades con apenas unos miles de toneladas de producto de muy pocas especies en una zona pequeña es pertinente para indicar un riesgo muy bajo o inexistente, es lógico (según el Canadá) que la ausencia de transmisión de enfermedades a partir de miles de millones de toneladas de pescado eviscerado de todas las especies que se desplazan por todo el planeta sea una prueba aun más contundente de que el riesgo derivado de dicho producto es insignificantemente pequeño. Se ruega que formulen observaciones sobre la afirmación del Canadá.

6.94 El Dr. Brückner observó que esta pregunta también estaba relacionada con la pregunta 3 supra (examen de los volúmenes y los períodos de tiempo). La pregunta podría suponer asimismo la discriminación que se percibía entre los salmónidos no viables y los no salmónidos no viables. La aceptación de la opinión expresada por el Canadá también podría suponer la aceptación de los hechos históricos como una observación cualitativa fidedigna y científicamente justificable para defender una medida más baja de gestión del riesgo. Sin embargo, eso estaba en contradicción con la insistencia anterior del Canadá (párrafo 49) a favor de un enfoque cuantitativo. La aceptación de la afirmación del párrafo 115 anularía la necesidad de una evaluación del riesgo con una base científica. No decía que el evaluador no debiese conocer los hechos históricos, sino que éstos se debían comprobar y evaluar como se había hecho en el IRA de 1999. En el AQPM 1999/51, Australia no imponía restricción alguna sobre los peces marinos distintos de los salmónidos, pero las restricciones estaban de acuerdo con el resultado de las conclusiones alcanzadas en el IRA de 1999.

6.95 El Dr. McVicar indicó que la ausencia de enfermedades clínicas asociadas con la importación de grandes volúmenes de pescado para pienso o como cebo podría tomarse como prueba de que no se producían problemas patológicos importantes a causa de esos productos. Sin embargo, la aceptación directa de esa conclusión al pie de la letra exigía una cierta cautela. El pescado importado se estaba utilizando como pienso en circunstancias muy específicas (jaulas de atunes y como cebo) principalmente en mar abierta. La falta de problemas de enfermedades infecciosas asociadas era importante en esas circunstancias, pero no necesariamente en otras, como las relativas a la cría de salmones. El uso casi exclusivo de alimentos elaborados en las explotaciones de salmón a nivel internacional ponía de manifiesto en parte el riesgo para las piscifactorías de salmones asociado con la administración de peces enteros frescos o congelados. Australia corría riesgos semejantes con sus explotaciones de atún.

6.96 El Dr. McVicar señaló además que en mar abierta era difícil observar peces muertos. Por ejemplo, se había producido una mortandad importante de arenques (estimada en más del 30 por ciento de la población permanente) debido a Ichthyophonus en el Mar del Norte y en Kattagat a comienzos del decenio de 1990, pero los peces muertos sólo eran evidentes en la segunda zona, relativamente limitada. Era probable que se hubieran registrado muchos casos de mortandad importante de peces que habrían pasado inadvertidos.

6.97 La Dra. Wooldridge respondió que, en su opinión, la afirmación del Canadá era una deducción lógica y en ausencia de pruebas palpables en contrario era una declaración que estaría dispuesta a aceptar.

Pregunta 13. En el párrafo 28 a) ii) de la primera comunicación de Australia se observa que se permiten importaciones sujetas, entre otras cosas, a la certificación de que "los peces deben pertenecer a una población respecto de la que haya un sistema documentado de vigilancia y supervisión sanitaria bajo la dirección de la autoridad competente". ¿En qué medida es aplicable esto a los salmones capturados en el océano? Si esta prescripción se considera necesaria con respecto a los riesgos asociados con el salmón canadiense, ¿no deberían ser necesarias prescripciones semejantes para los no salmónidos?

6.98 El Dr. Brückner indicó que no era experto en estos sistemas de gestión y no formularía observaciones.

6.99 El Dr. McVicar respondió que, como había indicado en su respuesta a la pregunta 1, el conocimiento del nivel de infección en la población de origen del producto permitía determinar la magnitud de las medidas de reducción del riesgo que había que aplicar durante el proceso de importación. Esto se podía conseguir fácilmente en las poblaciones de criadero (salmónidos y no salmónidos) y sería de gran valor en ellas, puesto que los peces enfermos infectados podrían tener una supervivencia prolongada en ausencia de predación y una parte de ellos podría pasar a través de las líneas de elaboración sin que se detectase. Sin embargo, como los peces enfermos no solían sobrevivir mucho tiempo en libertad (fundamentalmente debido a las presiones de la predación), la presencia de enfermedades graves en las poblaciones de peces en libertad solía ser escasa y, por consiguiente, era poco probable que se capturasen peces muy infectados con enfermedades importantes. Una excepción se producía durante las epidemias, en las cuales podían aparecer un gran número de peces infectados. Los datos presentes disponibles indicaban que estas situaciones eran relativamente raras, tenían normalmente corta duración y se detectaban fácilmente, en particular durante cualquier elaboración. Con las poblaciones de peces en libertad era difícil realizar un programa preciso de vigilancia sanitaria, puesto que se requerían estudios amplios y complejos para determinar la gama de enfermedades que había o incluso la incidencia de cualquier enfermedad específica presente. Observó que Australia no especificaba el nivel de supervisión y vigilancia sanitarias en las poblaciones de peces en libertad.

6.100 El riesgo de propagación de enfermedades en el medio marino a partir de peces marinos distintos de los salmónidos, de criadero o en libertad, en concentraciones que pusieran en peligro las poblaciones locales susceptibles era más bajo con los salmónidos (de criadero y en libertad) debido al elevado factor de dilución del medio marino en comparación con las aguas continentales con especies de peces susceptibles reales o potenciales. Los niveles relativos del riesgo de enfermedad entre especies portadoras diferentes para la "misma" enfermedad, como había indicado en su respuesta a la pregunta 10, eran también pertinentes para este examen.

6.101 La comparación del nivel de riesgo entre los peces en libertad y los de criadero de la misma especie y entre distintas especies procedentes de criaderos o medios libres planteaba muchos problemas difíciles. Las enfermedades de los peces, cuando se producían, con frecuencia tendían a alcanzar niveles más altos en las poblaciones de criadero, pero se podía determinar fácilmente el tipo de enfermedad y su intensidad. La mayor parte de los datos ictiopatológicos disponibles se habían obtenido a partir de poblaciones de peces de criadero. En las poblaciones en libertad normalmente se detectaban niveles más bajos de enfermedades importantes, de manera que era menos probable la importación de productos con niveles peligrosos de patógenos. Sin embargo, la prevalencia de una enfermedad en una población natural no indicaba directamente su incidencia. Era difícil determinar la gama y el nivel de las infecciones en las poblaciones en libertad, particularmente dada la amplitud del medio marino. La estimación del nivel de inspección necesario para alcanzar el nivel adecuado de protección sobre esos diferentes tipos de productos era una cuestión de opinión.

6.102 La Dra. Wooldridge respondió que no se consideraba competente para contestar la primera parte de la pregunta. Dado que para los peces distintos de los salmónidos podría parecer (en general, debido a pautas de uso alternativas) que las vías de exposición presentaban riesgos mayores, en ese caso (de nuevo, en general) se podría suponer de manera razonable que se desearía tener por lo menos la confianza (o más) de que la prevalencia fuese más baja para cualquier patógeno procedente de cualquier origen. A partir de eso, cabría esperar que serían necesarias prescripciones semejantes (por lo menos) tanto para los no salmónidos como para los salmónidos (pero recordó su pregunta 10, en el sentido de que en particular para una enfermedad específica podría no ocurrir esto necesariamente).

Pregunta 14. Australia observa en su primera comunicación, párrafo 38, con respecto a los peces ornamentales vivos que "las enfermedades … pueden detectarse, en muchos casos, en las propias instalaciones, y el estado patológico de los peces puede cambiar rápidamente". Ésta es al parecer una de las razones por las cuales las nuevas medidas exigen, entre otras cosas, la certificación del estado sanitario de las instalaciones [de exportación]. ¿No es también aplicable a los salmones de criadero el hecho de que las enfermedades puedan estar localizadas en muchos casos en las instalaciones, y que el estado patológico pueda cambiar rápidamente? ¿No tendría la certificación del estado sanitario de las instalaciones del salmón de criadero una importancia y una eficacia comparables para la gestión del riesgo?

6.103 El Dr. Brückner recordó que en el párrafo 71 de la primera comunicación de Australia se señalaba que: "Con respecto a los peces de criadero (incluida la trucha con fines deportivos) el medio más eficaz de gestión del riesgo estará normalmente basado en la acuicultura". No se indicaba si en la gestión del riesgo a la que se aludía se incluía la participación en un programa nacional de vigilancia para las enfermedades de los salmones de criadero. Sin embargo, el Apéndice 6 del IRA de 1999 contenía detalles de la vigilancia y supervisión ictiosanitaria en Australia. El Dr. Brückner estaba de acuerdo en que debería realizarse una certificación sanitaria oficial de las instalaciones de salmones de criadero para respaldar la gestión del riesgo de enfermedades en las aguas continentales.

6.104 El Dr. McVicar indicó que era adecuado que la certificación de los peces procedentes de la acuicultura (salmónidos o no salmónidos) cuya exportación se considerase de alto riesgo estuviera sujeta a la certificación de que estaban localizados en una zona libre de las enfermedades en cuestión o bien que la piscifactoría era equivalente a una explotación aprobada en una zona no aprobada (importante para los peces vivos o los huevos). Cuando el riesgo se considerase más bajo (por ejemplo, para productos no viables), era adecuado que las poblaciones de las piscifactorías estuvieran sujetas a certificación. La misma situación era aplicable tanto a las piscifactorías de salmónidos como de no salmónidos y no había justificación científica para imponer dicho requisito a un tipo y no al otro. Sin embargo, en el caso de los peces ornamentales vivos había un riesgo mayor si las poblaciones se habían recogido de varias explotaciones o zonas en libertad antes de la exportación, y sería lógico que esto se controlase específicamente mediante la certificación adecuada de la piscifactoría de exportación.

6.105 La Dra. Wooldridge indicó que no tenía competencia para responder a esta pregunta.

Pregunta 15. Se ruega que den su opinión sobre la afirmación que hace Noruega en su comunicación como tercera parte, párrafos 24-25 (por ejemplo, "Que la necesidad de diferentes medidas contra otros peces importados, en particular para consumo humano, que contengan las mismas enfermedades, es ... muy poco clara").

6.106 El Dr. Brückner respondió que las medidas que se proponían en el AQPM 1999/51 para los salmónidos y los peces marinos distintos de los salmónidos no viables, respectivamente, no diferían en cuanto a la supervisión exigida, la restricción de la edad y las prescripciones relativas a la naturaleza del producto una vez importado (preparado para el consumo, ulterior elaboración tras su llegada en instalaciones aprobadas). No estaba claro por qué se establecían diferencias para el consumo humano con respecto al producto preparado para el consumo y la necesidad de una elaboración de los salmónidos tras la llegada si el peso era superior a 450 g. Las mismas cuestiones se planteaban con respecto a la justificación científica para la presencia o ausencia de piel en relación con el peso en cuanto a la creación o no creación de riesgo. El Dr. Brückner estaba de acuerdo en que los cuatro primeros requisitos para otros peces establecían medidas aceptables de atenuación del riesgo respaldadas por las conclusiones de la evaluación relativa a la aparición del riesgo y sus consecuencias en el IRA de 1999. Sin embargo, no lograba encontrar pruebas convincentes de las razones para imponer otras restricciones sobre el tamaño y la elaboración de los salmónidos, pero no de otros peces.

6.107 El Dr. McVicar respondió que las opiniones de Noruega con respecto a las medidas más gravosas que habían de imponerse sobre las importaciones de salmón solamente serían válidas si la distribución de las distintas enfermedades de interés y las cepas patogénicas (por ejemplo, las cepas de A. salmonicida ) fuera homogénea en todas las poblaciones de peces de orígenes diferentes de las cuales se importaba el producto. No ocurría así. Tomando como ejemplo Aeromonas salmonicida, la cepa típica producía forunculosis clásica, enfermedad grave de los salmónidos en muchas partes del mundo (salvo en Australia), mientras que varias cepas atípicas estaban muy difundidas y provocaban la enfermedad ulcerante en una gran variedad de otras especies de peces. Esas cepas atípicas sólo producían enfermedad grave a los salmónidos en un número relativamente escaso de zonas (por ejemplo, Islandia, Japón). Según su interpretación, las medidas que proponía Australia estaban específicamente destinadas a los salmónidos, debido al riesgo de enfermedades específicas de estos peces, como las cepas típicas de A. salmonicida , y a que las infecciones que producían en los peces distintos de los salmónidos tenían un nivel más bajo para esas especies. En este sentido podría justificarse la aplicación de medidas distintas a productos diferentes. También señaló su respuesta a la pregunta 10.

6.108 La Dra. Wooldridge estaba de acuerdo en que la necesidad de aplicar medidas diferentes (o alguna específica) quedaba poco clara.

Pregunta 16. ¿Está justificada científicamente la diferencia en las medidas aplicadas al salmón de Nueva Zelandia y del Canadá, en particular por el estado patológico de Nueva Zelandia?

6.109 El Dr. Brückner declaró que, teniendo en cuenta el estado patológico de Nueva Zelandia expuesto en el IRA de 1997 de este país, no impugnaría un cambio en el statu quo. Sin embargo, cabría preguntarse lógicamente por qué Australia no aplicaba a las importaciones de salmónidos no viables las mismas medidas que Nueva Zelandia, puesto que las medidas de Nueva Zelandia eran notablemente menos restrictivas que las vigentes en Australia.

6.110 El Dr. McVicar indicó que Nueva Zelandia aplicaba a las importaciones medidas esencialmente semejantes a las de Australia. Habida cuenta de su proximidad geográfica, el historial similar en cuanto a la presencia de salmónidos no autóctonos y los perfiles de enfermedades parecidos (con la excepción de la enfermedad del vértigo), ambas zonas podían estar expuestas a riesgos análogos derivados de las importaciones de productos de salmónidos. Era de esperar una cierta semejanza en las medidas de reducción del riesgo entre los dos países. Desde el punto de vista científico, se reconocía el hecho de que el comercio era más laxo entre zonas con una situación ictiosanitaria comparable que cuando se realizaba de una zona con una situación ictiosanitaria más baja a otra más alta. En esto se basaba la Directiva 91/67/CEE de la UE. Por consiguiente, basándose en el mismo principio científico, no era ilógico que Australia y Nueva Zelandia tuvieran una relación semejante.

6.111 La Dra. Wooldridge observó que era más adecuado que a esta pregunta respondiera un ictiólogo.

Pregunta 17. Dado que en los salmónidos y en los peces distintos de los salmónidos puede haber agentes patógenos semejantes, se ruega que formulen observaciones sobre la validez de la distinción establecida por Australia entre los salmónidos, que no se pueden importar o despachar después de la cuarentena a menos que estén elaborados como producto "preparado para el consumo", y los no salmónidos, para los que no se exige dicha elaboración.

6.112 El Dr. Brückner observó que esta pregunta estaba relacionada con otra semejante planteada por Noruega (pregunta 15). No lograba ver las razones y la justificación científica para una distinción a ese nivel, como había expuesto en su respuesta a la pregunta 15.

6.113 El Dr. McVicar también recordó su respuesta a la pregunta 15.

6.114 La Dra. Wooldridge indicó que sus respuestas a las preguntas 7 y 10 contestaban en parte esta pregunta. En resumen, si estaba presente la misma enfermedad en dos especies diferentes con la misma prevalencia, y si las vías de exposición eran las mismas y con la misma probabilidad, no habría ninguna justificación para establecer esa diferencia. Era poco probable que se plantease una situación tan idéntica y el riesgo global dependía de ambos elementos. Por consiguiente, podría estar justificado el hecho de tratar dos productos distintos de manera diferente. Sin embargo, en su opinión la justificación de esta salvaguardia particular para los salmónidos estaba sin demostrar y no era probable que se hiciera.

Pregunta 18. Se ruega que den sus opiniones sobre los párrafos 15-24 de la comunicación del Canadá del 30 de septiembre de 1999, en particular sobre la cuestión de si las medidas impuestas por Australia sobre las importaciones de salmón y las impuestas sobre las importaciones de sardinas enteras no evisceradas, incluidas las destinadas a cebo, daban lugar a dos niveles (sustancialmente) diferentes de protección sanitaria en esos dos sectores y, en caso afirmativo, si hay alguna justificación científica para tal diferenciación.

6.115 El Dr. Brückner indicó que las cuestiones relativas al herpesvirus de la sardina se habían examinado en tres párrafos de la sección 6.2.1 del IRA de 1999 y no se habían vuelto a analizar en el IRA. El Canadá había presentado bibliografía científica para verificar su preocupación. En ausencia de nuevas pruebas científicas importantes, no era posible emitir un juicio sobre esta cuestión. Sin embargo, si se consideraba que el virus era endémico, la hipótesis formulada por Australia de no establecer prácticas de gestión del riesgo con respecto a esta enfermedad u otras "enfermedades desconocidas" que pudieran introducirse a través de las importaciones era válida y estaba justificada.

6.116 El Dr. McVicar respondió que, puesto que Australia consideraba que el herpesvirus asociado con el brote de la enfermedad en las sardinas australianas era endémico, no se incluía como enfermedad motivo de preocupación y, por consiguiente, no se deseaba introducir medidas para restringir esta enfermedad en las importaciones. La cuestión de la septicemia hemorrágica viral la había abordado en su respuesta a la pregunta 10. Cuando en la bibliografía científica no se encontraban pruebas de la infectividad y la patogenicidad asociadas con un agente patógeno era difícil justificar la introducción de medidas de control que pudiesen afectar al comercio con carácter precautorio.

6.117 La Dra. Wooldridge consideraba que la comunicación del Canadá tal como se había presentado indicaba una diferencia sustancial en los niveles de protección sanitaria para los dos productos objeto de examen, por lo cual la justificación científica no saltaba a la vista de forma inmediata.

Pregunta 19. ¿Es posible verificar de manera objetiva tomando como base el Informe de 1999 u otras pruebas en poder del Grupo Especial si existe la diferencia mencionada en la pregunta 18 y, en caso afirmativo, si está justificada?

6.118 El Dr. Brückner respondió que las hipótesis de Australia tal vez se pudieran justificar objetivamente (o demostrar su invalidez) mediante nueva investigación y/o por medio de la simulación con modelos de enfermedades relativos a las repercusiones de la introducción de la enfermedad a través de la importación de sardinas.

6.119 El Dr. McVicar recordó su respuesta a la pregunta 18.

6.120 La Dra. Wooldridge observó que el Canadá alegaba que Australia estaba dispuesta a aceptar importaciones de sardinas enteras no evisceradas con medidas de salvaguardia muy inferiores a las de las importaciones de salmónidos eviscerados (párrafos 14 y 15 de la comunicación del Canadá del 30 de septiembre). La prueba de que las salvaguardias exigidas para dichas sardinas eran menores que las impuestas para tales salmónidos figuraba en el informe final de 1999. El Canadá argumentaba que consideraba que el riesgo real de radicación de una enfermedad a partir de tales importaciones de sardinas era superior al que representaban los salmónidos eviscerados. Presentaba sus propias pruebas de la probabilidad de introducción y radicación de enfermedades para las sardinas, utilizando como ejemplo una enfermedad que los científicos consideraban que se debía al herpesvirus de la sardina (diversas referencias, muchas de los propios documentos de Australia).

6.121 La sección 6.2 del informe de 1999 de Australia era una exposición de la identificación de peligros para "Enfermedades/agentes patógenos de peces marinos distintos de los salmónidos". En la sección 6.2.1 se identificaban los virus. En esa sección se señalaba el herpesvirus de la sardina (páginas. 256-7) como un peligro. Se describía como "asociado a una mortalidad elevada en la sardina" y "notificado solamente en Australia y Nueva Zelandia" y "este agente no se vuelve a examinar en este IRA". En el documento presentado en la comunicación del Canadá del 30 de septiembre (Whittington, referencia en la nota de pie de página 88, página 3) se daban pruebas de que las consecuencias de esta enfermedad en Australia habían sido graves; por consiguiente, era probable que un nuevo brote fuese también grave. La Dra. Wooldridge no consideraba que esto estuviera en litigio.

6.122 La cuestión pendiente desde el punto de vista de la evaluación del riesgo de las importaciones era, por consiguiente, la probabilidad de que se hubiese introducido la enfermedad con las importaciones de peces. No había visto en ninguna parte si se examinaba esta probabilidad en el informe de 1999 (es más, se declaraba que no existía, en la cita supra). El hecho de que solamente se hubiera notificado en Australia y Nueva Zelandia no descartaba por sí solo la posibilidad de que se hubiera importado (aunque éste era un hecho importante en la estimación de dicha probabilidad). Whittington et al. (véase la nota de pie de página 88), en la página 14, analizaban la epidemiología de esta enfermedad en Australia y Nueva Zelandia y consideraban la probabilidad de que la infección pudiera proceder de una fuente externa, citando como ejemplos las descargas del transporte marítimo comercial de pescado y las sardinas importadas para cebo. En opinión de la Dra. Wooldridge, los autores de este documento consideraban esa fuente externa como una probabilidad más que insignificante, por algunas de las razones epidemiológicas descritas.

6.123 En el propio documento provisional de Australia, el Informe provisional de 1999 (sección 8.1.2), también mencionado por el Canadá (párrafo 16, 30 de septiembre), se examinaba la probabilidad de que este virus fuera exótico para Australia, en las páginas 3 y 4 de esta sección (8.1.2). Cabía señalar la comunicación del Presidente del Grupo de Trabajo Científico Mixto sobre la Sardina del CCEAD, que decía lo siguiente:

"El Grupo de Trabajo está coordinando actualmente un programa nacional de investigación ... uno de cuyos objetivos es determinar si el virus es endémico o exótico y, en caso de que sea exótico, cuál es su origen. Los resultados hasta la fecha no respaldan ninguna conclusión definitiva ..."

6.124 Esta duda era, en su opinión, muy importante para la evaluación de la probabilidad de riesgo a partir de esa enfermedad específica debido a la importación de sardinas. El hecho de que esta incertidumbre no se hubiera examinado en el informe final de 1999 era un defecto importante de la evaluación del riesgo para los peces marinos distintos de los salmónidos, en particular dadas las consecuencias de un brote. Era también muy extraña desde el punto de vista metodológico la omisión de esta incertidumbre en el informe final.

6.125 Era evidente que esas prueba no respaldaban la justificación de salvaguardias más estrictas para los salmónidos eviscerados que para los peces marinos distintos de los salmónidos enteros. En realidad, no se decía casi nada acerca de las medidas de salvaguardia adecuadas de manera específica para los salmónidos eviscerados. En principio se tendería a respaldar salvaguardias más estrictas sobre las sardinas importadas aunque, por supuesto, esto se debía examinar en el ámbito de otras pruebas.

Pregunta 20. ¿Se conseguiría con una serie de medidas más limitada que la actualmente impuesta por Australia sobre las importaciones de salmón canadiense un nivel aceptable de riesgo de Australia, es decir, "un nivel de protección alto o muy conservador encaminado a reducir el riesgo hasta llegar a niveles muy bajos, si bien no está basado en el enfoque de riesgo cero" (primera comunicación de Australia, párrafo 147)? Se ruega que sean específicos.

6.126 El Dr. Brückner indicó que no veía el fundamento de esta pregunta. Se podían enumerar varios otros procedimientos adicionales, como el análisis obligatorio de laboratorio para las consignaciones antes de la certificación de las exportaciones para las enfermedades en cuestión, pero esto sería simplemente un elenco sin dar respuesta a la pregunta.

6.127 El Dr. McVicar respondió que, en general, parecía que Australia había identificado las medidas mínimas de reducción del riesgo que podían aplicarse para salvaguardar las poblaciones locales de enfermedades identificadas como motivo de preocupación. No parecía haber un riesgo importante de enfermedad asociado con la piel de los salmónidos que alterase sustancialmente el nivel de riesgo mediante su eliminación, pero esto se contrarrestaba con el riesgo notablemente mayor de que ese material no comestible de bajo valor pudiera eliminarse de forma no inocua antes de la cocción.

6.128 La Dra. Wooldridge indicó que esto dependía del grado de eficacia de la medida en la reducción del factor o de los factores específicos de riesgo que abordaba, y ella no se consideraba competente para evaluar esto.

Pregunta 21. ¿Es posible verificar de manera objetiva tomando como base el Informe de 1999 u otras pruebas en poder del Grupo Especial si alguna de las opciones en materia de políticas alternativas o alguna serie de medidas alternativas lograría el nivel adecuado de protección de Australia?

6.129 El Dr. Brückner observó que esto era posible, pero implicaría otra evaluación del riesgo, puesto que las medidas de gestión del riesgo/opciones en materia de políticas eran el resultado de una evaluación del riesgo con base científica. Supondría la propuesta de medidas de atenuación del riesgo menos estrictas y su evaluación en función de las consecuencias. En su opinión, el IRA de 1999 había seguido en general este criterio para establecer una relación racional entre las medidas propuestas y el nivel adecuado de protección.

6.130 El Dr. McVicar opinaba que Australia había analizado objetivamente los datos ictiopatológicos disponibles para identificar las enfermedades motivo de preocupación y había identificado los medios más idóneos y prácticos para reducir el riesgo de su introducción a través de productos, con el respeto adecuado a la limitación de las restricciones sobre el comercio. La falta de datos cuantitativos sobre el alcance de la reducción de los niveles del agente infeccioso presente o de la restricción del acceso de infecciones importantes a poblaciones de peces locales impedía la evaluación objetiva de la probabilidad de éxito de las medidas propuestas.

6.131 La Dra. Wooldridge indicó que no tenía competencia para valorar esto.

Pregunta 22. ¿Cuál es el nivel de riesgo para las poblaciones de peces de Australia importantes desde el punto de vista comercial y deportivo derivado de enfermedades como el VNHE, la EUPR, el VERV y el SUE (mencionadas en los párrafos 136-144 de la primera comunicación del Canadá), que son endémicas en algunas partes de Australia pero exóticas en otras, dado que no se imponen restricciones sobre el desplazamiento interno del pescado muerto? ¿Es este riesgo semejante o superior al de las importaciones de salmón canadiense en el marco de las prescripciones actuales de Australia? En caso afirmativo, ¿existe una justificación científica o técnica para no imponer restricciones sobre el desplazamiento interno de pescado muerto, incluido el no eviscerado?

6.132 El Dr. Brückner indicó que a esta pregunta podría responder mejor un ictiopatólogo.

6.133 El Dr. McVicar respondió que la mayoría de las enfermedades de peces mostraban variaciones en su frecuencia tanto a nivel local como a niveles geográficos más amplios. Incluso cuando las enfermedades se consideraban de difusión generalizada dentro de un país/zona, el control mediante una restricción legislativa del desplazamiento de peces vivos o de partes de peces podía ser beneficioso cuando hubiera una distribución discontinua o bien existieran ciertas poblaciones que fueran particularmente vulnerables (por ejemplo, poblaciones de criaderos). Éste era un principio en el que se basaban varias reglamentaciones de lucha contra las enfermedades de los peces (por ejemplo, la Ley sobre Ictiopatología del Reino Unido, la clasificación de la Lista III de ciertas enfermedades en la Directiva 91/67/CEE de la Unión Europea). Cuando se hubiera demostrado un riesgo importante, se podían imponer controles nacionales o internacionales. Sin información detallada acerca de la vulnerabilidad de las poblaciones de peces a las enfermedades enumeradas en la pregunta en distintas partes de Australia, no era posible pronosticar el riesgo para ellas y las ventajas que podrían derivarse de la introducción de controles nacionales sobre los peces o los productos derivados. Si bien había una tendencia creciente hacia el uso de un enfoque precautorio en la aplicación de restricciones, estaba firmemente convencido de que los controles normativos sobre las enfermedades de los peces deberían estar sujetos a un análisis tanto del riesgo como de los beneficios en función de los costos para contar con una base científica lógica. Asimismo, debido a las variaciones entre las enfermedades en factores como los niveles de infección, la supervivencia de los patógenos, el uso de productos, etc., no era posible llegar a la conclusión de que las medidas utilizadas para reducir el riesgo de una enfermedad serían igualmente beneficiosas para otras enfermedades. Cada enfermedad considerada potencialmente importante requería un examen individual de las medidas necesarias para reducir el riesgo de su propagación. Puesto que las enfermedades enumeradas en el párrafo 138 de la primera comunicación del Canadá no eran de las que se estaban controlando en las importaciones de salmón canadiense a Australia, no sería adecuada la comparación directa.

6.134 La Dra. Wooldridge indicó que no se consideraba competente para responder a la mayor parte de esta pregunta. Para contestar plenamente a la cuestión relativa al nivel de riesgo del desplazamiento interno de peces muertos, habría que realizar una evaluación del riesgo específicamente para examinar los riesgos del desplazamiento interno de los peces muertos. El Canadá indicaba que esos riesgos resultarían importantes. Así pues, sería posible comparar los resultados, a fin de comprobar si este riesgo era superior o inferior al riesgo de las importaciones a Australia procedentes de cualquier país concreto (por ejemplo, el Canadá). Si entraban en una zona determinada de Australia especies de peces y productos semejantes de distintos orígenes y si las vías de exposición una vez que el producto se había introducido en esa zona eran las mismas (lo cual sería muy probable si los productos eran los mismos y se destinaban a los mismos usos), entonces la comparación del riesgo global dependería de la prevalencia de la enfermedad o enfermedades de interés en los peces que se estaban desplazando y del número de desplazamientos a partir de cada uno de los orígenes.

6.135 Por consiguiente, si se desplazaban productos de los peces con una prevalencia elevada de la enfermedad X de la zona A a la zona B y se desplazaban los mismos productos con una prevalencia igual de la misma enfermedad X (en las mismas cantidades y con todas las demás condiciones iguales) a la zona B desde un país diferente, los riesgos para la zona B serían los mismos. Si el nivel de X en el país diferente fuera realmente inferior al de la zona A, el riesgo para B seria inferior, y viceversa. Considerando un peligro identificado y un riesgo evaluado para la zona B, el hecho de que esas consideraciones teóricas tuvieran o no alguna aplicación práctica en la atenuación del riesgo dependía (en parte) de que las importaciones a un país determinado pudieran estar o no legalmente permitidas sólo a determinadas regiones o zonas de ese país, así como de que hubiera o no salvaguardias para los desplazamientos internos. Sin embargo, si hubiera un riesgo alto evaluado de transmisión interna de la enfermedad a la zona B a causa del desplazamiento de productos del pescado y éste no se hubiera abordado, la Dra. Wooldridge estimaba que parecería superfluo intentar detener la misma enfermedad o enfermedades mediante la restricción de las importaciones extranjeras a la misma zona.

Pregunta 23. ¿Puede detectarse A. salmonicida (típica y atípica) mediante examen visual? En caso negativo, ¿qué medidas sanitarias y fitosanitarias pueden adoptarse para las importaciones de peces ornamentales vivos que se sabe que son portadores de esos agentes y para el arenque entero destinado a cebo que también se sabe que es portador?

6.136 El Dr. Brückner indicó que a esta pregunta podría responder mejor un ictiopatólogo.

6.137 El Dr. McVicar respondió que la mayoría de las especies de peces parecían ser susceptibles a la forunculosis típica, pero el nivel de susceptibilidad y en consecuencia la patología asociada que podría detectarse era variable. La forunculosis típica latente (es decir, infecciones clínicamente no manifiestas) debida a A. salmonicida spp. salmonicida hacía tiempo que se conocía como un problema que creaba dificultades en la lucha contra esta enfermedad en los salmónidos. Los peces infectados de forma latente podrían actuar como portadores y contagiar la infección a otros peces. En los casos de forunculosis aguda, se podría producir una mortalidad elevada en las poblaciones infectadas sin que se manifestasen signos externos de infección. En ambos casos, era poco probable que en el examen visual durante la inspección del pescado se pudieran detectar todos los peces infectados.

6.138 Había una cepa típica de Aeromonas salmonicida presente en un gran número de especies portadoras de agua dulce y marina y la patología asociada que se había registrado era variable. Sin embargo, el signo clínico más común de A. salmonicida atípica era la ulceración cutánea, que era detectable mediante un examen visual. La búsqueda de los peces ornamentales vivos con dichas lesiones en la importación y el uso de restricciones de cuarentena, con vigilancia sanitaria después de la importación (es decir, las medidas sanitarias y fitosanitarias indicadas por Australia para los peces ornamentales vivos), no cabía duda de que reducirían el riesgo de liberación de peces muy infectados, pero no detectarían y eliminarían necesariamente los peces con infección latente. Así pues, parecía que Australia estaba dispuesta a aceptar para las cepas atípicas de A. salmonicida un nivel más alto de riesgo que para las típicas. Igualmente, si bien la congelación del arenque reduciría sin duda considerablemente el nivel de los agentes patógenos viables en cuestión presentes en el cebo importado, cabía esperar que se mantuviera en ellos un nivel de infectividad y, por consiguiente, de riesgo. Esto quedaba contrarrestado por la probable variabilidad de las "cepas" del agente entre las distintas especies portadoras y el probable factor de dilución presente en la zona de uso tras la importación (a lo que se había referido también en su respuesta a la pregunta 10).

6.139 La Dra. Wooldridge señaló que no se consideraba competente para responder a esta pregunta.

Pregunta 24. ¿Refleja la presencia/ausencia en la lista de la OIE de diferentes enfermedades y/o la clasificación de la OIE el resultado de la evaluación del riesgo y la gestión del riesgo de manera comparable con lo indicado en el párrafo 1 del artículo 5?

6.140 El Dr. Brückner respondió que estaba admitido que la lista de la OIE no era completa, como se indicaba en el IRA de 1999, por lo que la Comisión para las enfermedades de los peces de la OIE la evaluaba de manera permanente previa recomendación de los Estados Miembros. Si el IRA de 1999 se hubiera concentrado solamente en las enfermedades enumeradas en el Código de la OIE, habría sido incompleto. El párrafo 1 del artículo 5 del Acuerdo MSF se refería también a las técnicas de evaluación del riesgo elaboradas por organizaciones internacionales. El IRA de 1999 utilizaba éstas como orientación, de conformidad con el párrafo 1 del artículo 5.

6.141 El Dr. McVicar observó que la lista de enfermedades de la OIE era el resultado de decenios de experiencia en la esfera de la patogenicidad y las consecuencias de esas infecciones en varios países, la ausencia de medidas adecuadas de lucha contra ellas, el conocimiento de su distribución limitada y su flexibilidad frente al confinamiento y la lucha contra ellas con medidas legislativas. Como no había registros publicados, estaba claro que en ningún caso se había realizado una evaluación formal del riesgo, aunque a grandes rasgos podía considerarse la sensibilización internacional y el acuerdo sobre sus efectos como una forma de evaluación cualitativa del riesgo. No era coincidencia que la mayor parte de las enfermedades enumeradas por la OIE fueran también enfermedades controladas mediante reglamentaciones para la lucha contra las enfermedades de los peces de ámbito nacional (por ejemplo, el Reino Unido, los Estados Unidos, Irlanda, Canadá) o internacional (por ejemplo, la Unión Europea). La OIE recibía anualmente cuestiones de ictiopatología de los participantes nacionales, evaluaba la reglamentación y las listas de enfermedades y, si lo consideraba oportuno, podía añadir enfermedades a la lista o suprimirlas.

6.142 La Dra. Wooldridge indicó que no tenía competencia para responder a esta pregunta.



131 En el Anexo II del presente documento figura una transcripción de la reunión con los expertos.


Continuación: VII. CONSTATACIONES

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